No sé cómo, pero me puse de pie de un salto; me froté los ojos, y no lo podía creer…
Mis ojos absortos por el asombro parecían dos palomas disecadas. Estaba estupefacto.
El me sonrió amablemente y en seguida soltó una carcajada. Cuando le pregunté quién era, se sumió en un mutismo que duró largo rato. Medité en silencio y surgieron en mi cabeza interrogantes como: ¿Se dará cuenta ahora que pocos lo recuerdan? ¿Descubriría al fin que somos un país desmemoriado?
Al final el silencio se quebró y me confesó: “Allá…mi única distracción, es contemplar las flores que se entregan al rocío”. No le entendí nada. Luego, se sonrió de sí mismo. Sin preámbulos, me interrogó: Y tú, ¿qué sabes de tu país? Presurosamente interrumpió de nuevo mis reflexiones. “Hay una gran diferencia entre ser protagonista y espectador”, dije, inmediatamente. Y agregué: “Es el soldado del pueblo”, mi Coronel Jacobo Àrbenz Guzmán”. Después de un silencio, me miró estupefacto. Estaba verdaderamente sorprendido. En ese momento, sacudía el viento sus cabellos hirsutos, y pude descubrir que las canas empezaban a invadir su cabeza. Como hinchado de orgullo, replicó: “Aún espero a que me llamen para defender a la Patria”. Pero de pronto, pálido de cólera, estalló bruscamente en sollozos y suavemente murmuró: “Sufro mucho por mi Madre Patria prostituida por muchos”. No pude contener mi admiración y se la revelé.
Exactamente a la hora de la salida del sol, éramos ya buenos amigos.
En seguida, se sumió en una gran melancolía. Suspiró nostálgico. La noche había caído, y como el perfume de una flor había sido el tiempo transcurrido.
-Bueno-dijo-, es hora de irme.
Con un apretón de manos nos despedimos y el ex presidente de Guatemala, se perdió entre las sombras del sueño.
p.d. Lo escribí cuando yo era muy patojo, así que es muy simple
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