sábado, 20 de febrero de 2010

Inmediatamente se dibujó una sonrisa en su rostro angélico, y mis ojos se llenaron de lágrimas jubilosas.

Y nos amamos y nos convertimos en una sola senda.

 

Pero ahora, cuando los siglos se han desmoronado y en el suelo no son mas que huellas, polvo y recuerdos, me nutro de melancolía, y lloro y muero a cuentagotas.

 

¿Qué es entonces la vida, el tiempo y el espacio?

 

Pero a pesar de todo, ella estará tan íntimamente ligada a mí,  aunque otros almanaques vuelen y se esfumen, como se esfuman los suspiros.

Dios mío, que terrible es vivir de recuerdos.


Tags: PROSA

Publicado por Desconocido @ 10:48
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