Inmediatamente se dibujó una sonrisa en su rostro angélico, y mis ojos se llenaron de lágrimas jubilosas.
Y nos amamos y nos convertimos en una sola senda.
Pero ahora, cuando los siglos se han desmoronado y en el suelo no son mas que huellas, polvo y recuerdos, me nutro de melancolía, y lloro y muero a cuentagotas.
¿Qué es entonces la vida, el tiempo y el espacio?
Pero a pesar de todo, ella estará tan íntimamente ligada a mí, aunque otros almanaques vuelen y se esfumen, como se esfuman los suspiros.
Dios mío, que terrible es vivir de recuerdos.
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