Como es de costumbre, el milenario licor, más conocido como cusha, nunca en el olvido queda, haya o no fiesta. Los consumidores de esta bebida alcohólica le llaman también “agua bendita”.
Era el año de 1900, cuando los candiles de gas eran la novedad, y sólo los ladinos eran los privilegiados en tenerlos, por lo tanto, los indígenas aún utilizaban las rajas de ocote.
Pues bien, en Cuarto Viernes, un campesino, más conocido como “El Cushero”, por ser el mayor consumidor de este licor, no tuvo fuerzas para llegar a su humilde vivienda, la cual se ubicaba en el cantón Reforma.
Cuenta la leyenda que toda la mañana lo vio tirado en la calle de “La Ronda” en profundo sueño, acompañado de un extraño perro negro, el cual, en ningún momento se apartaba de él. Pobladores de un pueblo aledaño quisieron arrebatarle el dinero que llevaba consigo, producto de la venta de siete marranos; ya que en esa fecha la gente acostumbraba a comprar o a vender sus animales.
Refiere la leyenda que cuando los tres hombres se acercaron a querer cumplir con su cometido, el supuesto perro negro, más negro que la misma noche, los miró y ellos, los ladrones, sintieron que el mismo diablo los retaba a una reyerta. Pensaron alejar al perro lanzando a unos matorrales un nutritivo pedazo de carne, pero no les dio positivo resultado; comprendieron entonces, según ellos, que eran verdaderamente un perro fiel.
Viendo que habían fracasado con esa artimaña, quisieron atar al perro con un lazo de maguey, pero el animal se les lanzó con una furia inmensa, y logró infundirles el más grande de los temores; logrando así, que los ladrones huyeran. El animal, al percatarse que el riesgo había pasado, se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.
Juan Chiltepe que tenía su pequeña venta de licor en una sencilla chinama a no muy poca distancia, apreció esa escena, y momentos después que vio que el perro negro había desaparecido, corrió a donde estaba el “Cushero”.
-Dialtiro usté, por pocos le roban su pisto. Si no fuera por el Cadejo Negro, con las bolsas vacías estaría-, le dijo asustado al “Cushero”, que se quejaba por el efecto del agua ardiente.
FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder ExvediTags: LEYENDAS