Lunes, 31 de mayo de 2010

EL JINETE

Iba de regreso al pueblo de Santa Ana Huista, cuando al pasar al río a darle de beber a su caballo azabache,   vio avivado a una bella mujer, la cual solo se dejaba ver de espaldas.   Él no desprendía la vista cautivada completamente,  por ese cuerpo sensual. Parecía que acababa de darse un chapuzón en las aguas del río Huista, y por eso ese camisón de seda  se le pegaba   en su delicada piel.

Después de  deleitarse viéndola peinar sus largos cabellos ondulados, le comenzó a dedicar sus palabras de amor. Entonces ella, le hacía señas con las cadavéricas manos, para que se acercara.  Sin pensarlo dos veces, se fue asomando a ella. Ya estando muy cerca, ella se dio vuelta y fue cuando descubrió  que la supuesta belleza femenina tenía una aterradora cabeza de caballo que arrojaba fuego por los ojos exageradamente grandes. Su estupor fue tan inmenso, que no pudo correr para librarse. La mujer, sin darle tiempo a que mordiera una  moneda para salvarse, se arrojó sobre él,  descargando de su  garganta los gritos más horribles que estremeció a quienes vivían  en las primeras casas. Se llevó el alma del hombre.  Al día siguiente  encontraron  su cadáver desfigurado en “Los Amoladeros”, como si lo hubiese devorado una fiera, de esas que habitaban en la Sierra de Los Cuchumatanes.

 

FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi                                      


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LA   SIGUANABA

El viento cabalgaba libre entre las copas de los árboles. Los ocotes en los jacales vomitaban sus llamas que danzaban al compás de la música de una marimba cuache. La noche de puntillas y descalza caminaba por las calles, como si fuera una ishtía malcriada.

 

-Sólo la cusha  me anima-,  se oyó una voz desde adentro de la cantinucha  “El Jocosh Amigo”, donde llegaban más moscas que clientes.

-Dejate de babosadas, vos Juan Huista-, se escuchó,  seguido de una sonora carcajada.

 

El reloj del tiempo anunció las ocho.

 

-Qué vas a saber vos de esas cosas.

-Tenés razón vos Juan Huista. Sólo sé de machete, azadón, mecapal, lazo y de guaro.

 

Los recuerdos eran un reguero de tizones de roble.  Hablaron de ella, de su desaparición extraña.

Cuando Juan Huista la evocaba, un rosario de lágrimas brotaba de sus dos ojos que más parecían frijoles camaguas.

-Esperame un chachito-, le indicó  Juan Huista-, ya regreso. Voy a echarme una mi miada.

 

Saliendo de ese antro de perdición estaba cuando, por una de las calles empedradas, apareció una mujer vestida de blanco, cuyo rostro tenía oculto.

 

-Es la  María Chirimía-, murmuró emocionado, y se dirigió hacia ella.

 

-¡María Chirimía! ¡María Chirimía!  Gritó  a todo pulmón.

 

La mujer regresó lentamente por donde llegó.  El,  por supuesto, fue detrás de ella. Una duda de si realmente era ella,  le surgió del cerebro como un jocosh enclenque.

Pero cuando vio una cintura esbelta,  sus redondas caderas, sus pechos turgentes   y todo su  cuerpo sensual,  la duda se esfumó,  como un suspiro.

 

-¡María Chirimía! ¡María Chirimía!.

 

En ese lapso, los perros con su aullar lastimero espantaron al sueño que se adormecía profundamente.

Juan  Huista se acarició los mechones ralos de bigotes con saliva,  y musitó: “Ahora sí te jodo”.

Con un ademán de su fina mano, lo invitó a que la siguiera. El obedeció. Iba  camino al cementerio. Eso lo sabía perfectamente, pero no le dio importancia. Ya en el camposanto,  ella se detuvo, y él corrió jubiloso a abrazarla.

Cuando la tuvo en sus brazos, ella le dio la cara y cayó aterrorizado al verle la cara de caballo,  con sus ojos de fuego.

 

-La Siguanaba-, pensó antes de desplomarse.

 

 Con los primeros rayos del alba, encontraron su cadáver mutilado, como si una fiera lo hubiera devorado.

 

-Jue La Siguanaba-, argumentó una anciana que se chupaba las únicas muelas podridas que lucía con orgullo.

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LA TATUANA

Una furtiva lágrima surgió de sus ojos como jocosh solitario,  cuando  volvió a recordar su pueblo. 

Pero aún mantenía su rostro radiante y angelical.

La nostalgia sacudía su espíritu y es que, ese sentimiento va absorbiendo nuestra vida, de tal forma que todo parece oscuridad.

 

Nadie recordaba cuándo había llegado al pueblo. Solo se murmuraba que la habían echado de su tierra porque la señalaban de bruja. 

 

Desde hacía tiempo, era ella el  motivo de prolongadas tertulias.

 

-Qué patoja tan galana.

-Ala usté,  no sea así…

-Cómo así.

-Bruto.

-Púchicas.

-Se le va el pájaro de una vez.

-¿Será cierto usté?

-Es la puritita verdá.

 

La consejera se marchó.

El  sorbió un trago y  chupó el limón. Y los pensamientos, como parvadas brotaban y alzaban el vuelo.

 

-Hoy me quito las dudas-, murmuró,  y fue en busca de Aurora, que así se llamaba, la supuesta Tatuana.

 

Una llovizna pertinaz lo sorprendió en el camino. Como iba muy ebrio, se resbaló  y cayó en un barranco. 

Allá abajo, quedó inconsciente. 

 

Al  día siguiente, la desaparición del enamorado de Aurora creó zozobra.  Los pueblerinos culpaban a la joven hermosa, por lo que fue encarcelada.

 

-Muy calladito-, le dijo Aurora al  carcelero.

-Disculpe que no mucho le hable, con la gran soca que me cargo, ni ganas dan-, pretextó el guardián

 

El silencio levantó su barda.

 

El carcelero la miró detenidamente. La encontró con la vista perdida en la oscuridad,  mientras un lagrimón corría por su rostro.

 

Su mirada profunda lo cautivó.

 

-Patoja, ¿qué quiere?

-Hágame un favor, tráigame un poco de tizne.

-Ta güeno.

La noche vagaba por todos los rincones del pueblo, y la nostalgia y  la desgracia en el alma de la hermosa Aurora se revolcaban.

El carcelero le llevó un fragmento de comal  tiznado y se comenzó a dormir. Entonces, la supuesta Tatuana, con una excelente habilidad artística dibujó una barca, se subió a ella y desapareció.

El carcelero se quedó perplejo del miedo y perdió el conocimiento.

 

Muy temprano despertó sobresaltado y lloró.

 

-Qué bruto que soy, se me escapó la Tatuana-, se lamentó.

 

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Viernes, 28 de mayo de 2010

EL SOMBRERON Y LA NIÑA BONITA

 

Cuenta la leyenda tejida con diferentes colores de voces ancianas  que cuando llegaron los primeros ladinos a  Santa Ana Huista,  comenzaron  a brotar leyendas nuevas y por ende, con diferentes matices.  Los ecos de las  voces ancianas refieren  que durante los primeros años de vida ladina,  El Sombrerón se enamoró de una joven de pelo largo, ondulado y azabache. 

Todas las noches, cuando la luna con sus ojos fulminantes se asomaba a la ventana del cielo para alumbrar al pueblo solazado, El Sombrerón,  Duende, Tzipitío o Tzitzimite,   llegaba a la ventana de adobe a cantarle sus misteriosos cantos, uno de los cuales decía más o menos así:                                  

                                              “Sale a tu ventana

a escuchar los cantos

que desde lejanos lares te traigo,

niña de Santa Ana.

 

Sale a tu rústica ventana

que quiero ver tu figura de cristal,

y tus labios que deseo

y tu cuerpo sensual”.

 

Cuentan que la joven se embelesaba con las tonadas inéditas, sin importarle quien  fuera su pretendiente. Ella, la muchacha más preciosa del pueblo, comenzaba a enamorarse del  extraño personaje, que le cautivaba con sus melodías dulces  y  encantadoras. La madre,  al darse cuenta que su hija enflaquecía y empalidecía, comprendió que El Sombrerón se estaba entrometiendo  en la vida privada de la niña bonita.  Entonces, al darse cuenta que El Sombrerón se la quería ganar, con astucia convenció a la joven  enamorada  para viajar a Chiapas, México, ya que se negaba a partir, porque no quería perderse ninguna serenata del  amante. Dejaron el pueblo viajando en lomo de caballos, por los caminitos que parecían serpientes morenas.  

 

Por la noche, volvió a aparecer el hombrecito vestido de negro, calzando botas de charol y vanidoso con sus espuelas estridentes, y con su enorme sombrero. Tomó su guitarra  de garganta más de pájaro que de guitarra, y empezó a entonar una nueva canción, posiblemente una composición escrita especialmente para ella. El aullar escandaloso de los perros era más notorio. Concluyó el último compás,  y con alegría inmensa creyó que  por fin  asomaría la cabeza y nada, absolutamente nada.

Volvió tres noches más y nada, entonces se dio cuenta que ya no vivía ahí, en esa lujosa casa de adobes y techo de tejas,  que más parecían rajas de canela aromática. Nadie sabe cómo se enteró de que en Chiapas estaba, quizá lo olfateó, pues dicen que así encuentra a las mujeres que huyen involuntariamente de él. Cuando llegó a Chiapas, a  un poblado llamado Coneta, se enteró  que el día  anterior la habían sepultado, pues había muerto  de tristeza.  El Sombrerón volvió a las calles santanecas a cantar su desgracia, a llorar su abismal dolor,  porque él nunca olvida a las mujeres que ha idolatrado.

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EL CHIAPANECO Y LA SIGUANABA

 

Contaban  que un hombre, de origen chiapaneco, llegado durante la Revolución Mexicana,  en el año de 1914, era muy mujeriego.

Una noche, alumbrada por la tenue luz de la pálida luna, caminaba bajo las dos frondosas ceibas que firmes se erguían en el centro del pueblo. Cuando ya se dirigía al cantón   San Juan, vio que cerca de la pila de sabino mandada a hacer por el Alcalde Municipal, don Timoteo Morales, estaba  una mujer de apariencia hermosa: vestida de blanco y de pelo negro muy largo. Su belleza física lo embelesó vivamente. El hombre pícaro se acercó sigilosamente,  y ya estando a un paso de ella, comenzó a enamorarla con una canción,  cuya  música se ignora, mas no la letra que más o menos decía así:       

 

                                                  “Patoja bella,

                                                      de esta tierra,

dame  tus besos de miel,

porque con ella,

quiero emborracharme para siempre.

 

Oye mi canto,

canto de mi guitarra y de mi alma,

patoja linda de Santa Ana”.

 

Aún no  había terminado de entonar su canto, cuando ella,  con un movimiento excitante de manos,   lo estimuló a  que la siguiera, ocultándole  su rostro. Él,  pensando en ese momento ardiente de amorío, iba detrás de la misteriosa mujer, que dirigía sus pasos a la sombra de las ceibas, donde, aparentemente,  darían rienda suelta a sus deseos carnales… Ya muy cerca de las raíces que afloraban de una de las ceibas, ella volteó a verlo  y  fue cuando el chiapaneco se dio cuenta  que la supuesta mujer bella, tenía cara de caballo. El  miedo se apoderó de él  y cayó al suelo.  Entonces La Siguanaba  le dio una mordida en el rostro y quiso devorarlo, pero al darse cuenta  que unos cazadores se acercaban, huyó lanzando sus  gritos espeluznantes. Los cazadores lo auxiliaron sabiendo que La Siguanaba había intentado matarlo. El  pícaro mexicano regresó a su patria antes que los demás, por el miedo a repetir la sombría experiencia.

         FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi                                      

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EL   SOMBRERON  DE  MONAJIL

 

Esa  clara mañana olía  a perfume  de chirimía  sagrada.

 Y  en  el  horizonte,  el  sol con  su  baba  de  oro,  besaba  la   faz  del viento.

 

-Sos  un totoreco.

-¿Por qué?

-Porque anoche  te  chiveaste.

-Tenés  razón  Lino.

-Te  la  van  a quitar si  seguís  así.

-Que  la trompa se   te   tuerza.

 

En  ese preciso momento   apareció  ella con su  viejo canasto.

Era  sábado,  día de plaza.

 

-Mirá, más  chula  amaneció  hoy.

-Y  arisca.

-Ya  ni que fuera  yegua.

 

Su  cabello  largo azabache  parecía   bandera luctuosa que  el  viento  peinaba con  sus  finísimos  dedos.

Ella lo  fulminó  con  una  mirada  y él se  sonrojó.

 

-Andá  a  acompañarla-,  le  aconsejó   Lino.

-Me  puede  zarandear el   papá.

 

El día  transcurrió  sereno  y  la  noche  cayó  tímidamente.

Esa noche,   mientras ella leía una  de  las  tantas  cartas que  Chano  Sincero le  había  enviado, unos  acordes  de  guitarra  aceleraron  el  palpitar  de  su corazón.

 

-Es Chano que  me trajo serenata-,  musitó    excitada.

 

Cuando el  serenatero comenzó a cantar,  descubrió  que  no  era  Chano, por lo que  no  se  atrevió a abrir la pequeña ventana que   daba  a la  calle.

Sin  embargo,  el  canto  misterioso que  jamás   había  escuchado,  la  emocionó.

 

-¿Cómo  será  mi  nuevo  enamorado?,  reflexionó.

 

Su  orgullo  le sugirió   no  salir.

Había transcurrido  un  mes y  ella ya estaba  profundamente enamorada del  extraño. 

 

Esa noche, cuando el  silencio atormentó  a los  perros, abrió  la ventana cuando concluyó  la dulce  tonada. Cuando lo vio, soltó una  carcajada  al  ver a  aquel hombrecito  vestido  de  negro. Sus  pies  calzaban botines  de charol, los  cuales  lucían un par  de  espuelas  de  oro.    Sobre  su  cabeza,  un enorme sombrero  de  petate que le ocultaba  la mitad   del   rostro.  Y al hombro,  una guitarra.

 

-Entrá   por la  ventana.

 

El pequeñísimo   hombre  obedeció.

 

Desde  esa   noche,   el  Sombrerón la visitaba,  y  antes  de  entrar  por   la   ventana, le  obsequiaba su  canto  de  amor y  su alma inflamada  de  alegría.    

Afuera,   el viento  parecía   un  enorme   barrilete que  se  enredaba   en  la  cabellera  de  los  árboles. 

 

Transcurrieron los  años  y ella desapareció.

En vano la  buscaron.

Unos  afirmaban  que  el  duende  se la  había  llevado,  otros,  que se había  marchado para  Comalapa, Chiapas, México.

 FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi  


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Publicado por hameh0017 @ 12:44
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LA SIGUANABA DE AGUA ZARCA

 

Esa noche, las estrellas temblaban de frío y suspiraban no sé porqué…y el silencio saltaba y se revolcaba en las callejuelas de Agua Zarca.               

Bajo la sombra de la añosa ceiba se amontonaban como jocoshes las remembranzas y gritaban amarguras y dulzuras y él, el joven campesino,  la esperaba  vehemente.

La oscuridad era densa,  y no podía divisar a quien se acercaba en ese instante.  A esa hora, la nostalgia le escupió el rostro del alma y la congoja se impuso.  Tenía ocho días de no saber nada de ella.

Cavilando estaba, cuando de lo profundo de la calle Real, surgió una bella mujer vestida de blanco…

 

-Es ella-,  musitó,  y miró para todos lados y descubrió que estaban solos, como dos melodías en medio de un vegetal pentagrama.

El ladrar de los perros se acrecentó,  y las pocas estrellas se ocultaron detrás de las nubes que como ovejas de nieve saltaban y saltaban.

 

-Ya  ni chiste tiene-,  dijo,  y se atrevió llamarla: ¡Chencha, Chencha, aquí estoy!

 

Los rayos de la luna se enredaron entre las ramas de la ceiba y se convirtieron en nidos de  astros.

Mientras tanto, la sensual mujer que no daba la cara, se negaba a dar un paso.

 

-¡Qué rechula está!, afirmó-, mientras la apreciaba de pies a cabeza.

 

El vestido blanco pegado a sus curvas; su cabello largo danzando al compás de la música del viento; su esbelta cintura lucía una cinta dorada,  sus senos prominentes,  sus caderas redondas y muchas otras cosas, la identificaban como la amada.

 

-Es ella, la conozco rete bien, pero ahorita sí se está poniendo difícil.

 

La luz de la luna inició a salpicar la oscuridad y pudo observarla mejor.

 

-¡Chencha, Chencha, vení pue, no seas pura lata!

 

Fue hasta entonces cuando ella alzó la mano y le indicó se acercara.

 

-Qué  rejodida es-, pensó y se mostró indiferente.

 

Ella atravesó presurosa la calle Real y dobló por una vereda que conducía al camposanto. El tortuoso caminito parecía serpiente dormida.   El viento comenzó a soplar y le chipoteaba la cara morena.

De pronto, entró por la rendija de su corazón un terror jamás experimentado.

 

-El guaro que me atoré me está chingando, dijo.

 

Mientras tanto, las luciérnagas que parecían minúsculos tizones voladores huían de la mujer.

Ella estaba como congelada cerca de un tapial semidestruido, esperándolo.

 

-¡Chencha, ya ni chiste tenés, crees que soy tan dundo!-,  le gritó un poco irritado.

 

Ella alzó de nuevo la mano indicándole fuera tras sus pasos.

 

-Ni modo- pensó-, ante una mujer uno se vuelve como melcocha. 

Fue tras sus huellas.   La mujer apresuró sus pasos y él aligeró los suyos.

Ya en el corazón del cementerio, ella se detuvo y él la abrazó,  y de pronto un estremecimiento corrió por todo su cuerpo y cayó inconsciente al suelo,  cuando vio su cabeza de caballo con sus ojos de fuego.  Si no es porque unos cazadores perseguían un venado cerca del lugar, se lo hubiera llevado la Siguanaba,   al más allá.

Profundamente enfurecida, lanzó un grito terrorífico huyendo.

 Hasta el filo de la aurora lo encontraron delirando.

FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi  

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Publicado por hameh0017 @ 12:38
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LA NIÑA DE AGUA ZARCA Y EL SOMBRERON

 

El amanecer se quejaba dulcemente de alegría. 

 

Tiritando de frío,  caminaba de puntillas por las callejuelas silentes.

Los ranchitos parecían hongos negros y enanos.

 

En su mente, como jocoshes,  los temores se amontonaban; y la densa melancolía que le arrancaba tristeza, corría por sus venas.

El recuerdo dormía cubierto  con la chamarra de la eternidad. De pronto, de no sé de qué rincón, surgió…  

El redoble de los cascos de un caballo azabache, llegaba a la aldea procedente  del otro lado.*           El ladrar de los perros se convirtió en llanto. El chaparro hombre, iba bien trajeado de negro y luciendo  un cincho de cuero de venado. Calzaba botas, desgastadas por los siglos; en las cuales,  un par de espuelas de oro brillaban.  Sobre su cabeza,  un enorme sombrero de  palma,  que casi lo cubría por completo. Atravesó la calle principal y se detuvo bajo la monumental sombra de la añosa  ceiba que se yergue  en el centro.  Apersogó su azabache. Tomó su minúscula guitarra, la afinó,  y empezó a entonar su canción misteriosa,  pero seductora:

 

Niña mía, de Agua Zarca,

te traigo mi dulce cantar,

para que nunca la parca

 tu amor me pueda robar.

 

Niña mía, de embelesador mirar,

 hoy te traigo serenata,

 para que jamás, me dejes de amar,

y mi vida se grata.

 

El cántico, hilvanado con hilos de suspiros,  entraba por la rendija de una puerta especial, y se alojaba en el corazón de la más bella aldeana. Desde esa noche, empezó a llegar a Agua Zarca a sembrar serenatas, mientras las estrellas acurrucadas en el cielo, lo miraban y escuchaban maravilladas.  Alternando con la canción, se escuchaba un zapateado.

Cuando respiró el perfume de la aurora que se avecinaba, colgó su guitarra, desató su caballo,  y se perdió por la vereda que como culebra se dirige al otro lado... 

Los gallos, con sus quiquiriquíes,  despertaron a la aldea.

 

-Váyase a la porra.

-En verdá se lo digo, era El Sombrerón que le trajo serenata a la ishtía esa…

-¿Será usté?

-¡Qué canción tan rechula! Pero para qué…

-¿Para qué?

-Que la canta el mismo cachudo.

-Ah, tiene razón.

-Pobre la güira.

-¿Por qué?

-Porque si no tiene cuidado, se  va a colgar de él,  y se la va a ganar.

-Es cierto.

-Rechula la  ishta.

-Todos le llevan ganas.

-Su pelote tan largo.                                                      

-Si se lo cortara, tal vez ya ni la molestaría.

-¡Cómo va a creer!

-¿Qué cosa?

-Que se lo vuele.

 

El tiempo, como viento, se iba esfumando. Como  humo de cigarro de manojo…

 Y cada noche, a altas horas,  el Sombrerón  le llevaba serenata a la bella niña.  Sus ojos negros, su cabello largo y oscuro, y su cuerpo de diosa, atraía poderosamente la atención de todos lo hombres, incluido al cura…

 

Las serenatas perturbaban hondamente a Lupe, y cada vez más, un sentimiento misterioso se apoderaba de su espíritu.

-No lo conozco, pero lo quiero-, murmuró la tercera noche que lo escuchó cantar.

 

Algunas ancianas le comentaron  que se su pretendiente era el Sombrerón,  pero  no les creyó. No fue, si no hasta la última noche de noviembre que se atrevió a abrir la ventana, y el  hombrecito pudo, al fin, entrar en la humilde casucha.

Las serenatas continuaban y los aldeanos se turnaban para velar al hombrecillo, pero en vano fueron los esfuerzos.

Lupe  se acurrucaba tras la ventana a esperarlo desde el momento en que la noche iniciaba a invadir las callejuelas.

Cuando los padres de Lupe descubrieron que  el Sombrerón la asediaba, se la llevaron inmediatamente a Comalapa, Chiapas, México. 

La primera noche que el duende llegó en busca de su amante y no la encontró, se oyó un canto tan triste, que hasta los árboles se erizaron.   Mientras tanto, en Comalapa, Lupe sufría por el Sombrerón y se negaba a tomar alimentos. A pesar de la distancia, el sutil canto y taconeo de su amado, resonaba en su memoria.

Empezó a morir, como agonizan las tardes de noviembre.  La noche del 24 de diciembre de 1912, cuando la  Revolución Mexicana estaba en  efervescencia, la hallaron muerta.  El cuerpo exánime fue entregado a los padres. Al día siguiente, el cadáver fue trasladado a la aldea. Cuando la noticia corrió como el viento, la gente, como zancudos, se apostaron a la casa de la difunta. Ese 25 se convirtió hasta entonces en la noche más triste.   Cuando el reloj del tiempo marcó las doce de la noche, la gente vio atónita llegar al nefasto personaje. Dio un salto. Amarró su caballo. Tomó su guitarra y derramó su tristeza, cantando:

Niña de Agua Zarca, niña mía,

con tu tristísimo partida

 se va mi alegría,

y negra, se vuelve mi vida.

 

Muchos contaban  que copiosas lágrimas brotaron de los ojos de Lupe. Aquel llanto desgarrador hizo que las estrellas se apagaran. La aldea completa estaba muy consternada.

Cuentan las voces eternas que colgó su guitarra, montó su caballo, y se perdió en la oscuridad de la noche, y que desde entonces, todos los días lo veían cerca de la tumba, cantando tonadillas tristísimos.

FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi                                      


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Publicado por hameh0017 @ 12:34
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JUAN HUISTA Y LA TATUANA

A la mañana siguiente se dieron cuenta que una mujer de apariencia fantasmal,  había llegado  al pueblo. 

Sonrió suavemente ante la pregunta de si era la Tatuana.

-¿Es usté o no?

Se limitó de nuevo a responder con una sonrisa fingida. 

El frío era intenso,  y en la cantina de doña  Aspirina Calmadol, los borrachos seguían bebiendo, mientras la mujer extraña,  desgarradamente triste, murmuró: “Cuando el sol se esté ocultando, quizá en vano trate de hilar mis recuerdos”. 

En la cantinucha “Viva el Guaro”, las puertas se abrieron de par en par. Era Juan Huista,  el que entraba.

-Muchá, vino Carmen…

Todos rieron a carcajadas. Levantaron las botellas y brindaron.

Era un pueblo tranquilo.

Como a las  diez, ya estaba de regreso en su vivienda.

 

Esa noche, tocaron a la puerta de Juan Huista.

Era ella.

-¿Puedo pasar?

-Sí, por favor.

La recibió con silencio taciturno y ella,  con sus risas inesperadas, lo aterrorizó.

-Perdón, lo que sucede es que muchos me han preguntado si soy la Tatuana,  y eso me causa gracia.

-No tenga pena, de todas maneras, tarde o temprano tienen que salir a luz pública los secretos de cada uno, los cuales provocan reacciones muy variadas.

Con lo dicho, Juan Huista la invitó a la meditación.

Luego, cenaron y Juan Huista, conocedor de las tradiciones y costumbres del pueblo, lo desnudó frente a ella.

A las once, ella se marchó.

Como tenía que cruzar el río, unos curiosos que la habían visto llegar de visita a casa de Juan Huista, la siguieron, y al llegar al riachuelo, se ocultaron entre los arbustos y por poco se desmayan  al verla  dibujar un barquito con un pedazo de carbón, y subirse a él, para cruzar el río.

Al confirmarse los rumores que solían escucharse, la buscaron y jamás la encontraron.

-Con razón me sentí chueco cuando hablé con ella-, dijo Juan Huista,  en la cantina “Viva el Guaro”.

 

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Publicado por hameh0017 @ 12:28
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PEDRO IXIM Y LA SIGUANABA

Ya el sol  había retornado a su nido y la noche, como ishtía traviesa, comenzaba a correr por las calles serenas de Santa Ana Huista,  y las frondosas ramas de las dos ceibas que orgullosas se erguían en el corazón del pueblo, danzaban al compás de una marimba cuache. Pedro Ixim, con el alma de espumuy,  lloriqueaba en  soledad, y tejía laberintos.  Desde que  María Chirimía  había desaparecido en el río Huista, se volvió un ermitaño, un extremado  solitario.

En su morral siempre cargaba el güipil que a ella más le embelesaba. Continuamente lo acariciaba, y de sus ojos brotaban a borbotones las lágrimas de pesadumbre.

Como a las once de la noche, cuando el pueblo cabeceaba y sus habitantes habían caído en brazos del sueño, divisó a una mujer que iba  rumbo al río.

Conforme iba acercándose  a ella, su alma comenzó a despertar y a embriagarse de alegría, ya que la mujer parecía ser María Chirimía.  

Mientras admiraba la belleza corporal de la mujer, gritaba a todo pulmón: ¡María Chirimía! ¡María Chirimía!, espérame.

 

Ella, con un sensual movimiento  de mano, lo invitó a seguirla.

Ya en la vega del río, ella se detuvo,  y él, muy ansioso, la abrazó.

Pero grande fue su sorpresa cuando la mujer le dio la cara de caballo, cuyos ojos eran candentes, como tizones de roble. Pedro Ixim cayó de bruces, perdiendo el sentido,  y si no es por unos cazadores, la Siguanaba lo hubiera devorado.

 

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Publicado por hameh0017 @ 12:24
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        JUAN HUISTA Y LA LLORONA

El pueblo de Santa Ana Huista que es un pentagrama oloroso a primavera, despertaba perezosamente ese día, mientras en Agua Zarca,  Juan Huista la buscaba…

Hacía tres días se había marchado sin saber porqué…

 

 En la cabeza de Juan Huista transitaban  muchas ideas. Quería hacer  retroceder el tiempo para no cometer los mismos errores.

-Soy un dundo. No le gustaba que yo me atacara de guaro-, pensó,  y luego lloró largamente, con un llanto quedito.

En Lop le dijeron que la habían visto del brazo de un muchacho de Monajil,  y fue hasta entonces cuando, en el fondo más íntimo de sí mismo, germinó la más negra tristeza, por lo que emprendió el viaje a Huista* a consumir licor en la cantina “Los Chucules”.

-Ahora, sólo la cusha me va a tranquilizar-, murmuró.

Su corazón ya era un nido de tristeza.

 

Cuando llegó al pueblo, la noche comenzaba a caer como ennegrecido telón de teatro tenebroso. Y bajo la sombra tutelar  de una de las ceibas, encontró a su compadre Pedro Ixim, quien, no está de más decirlo, siempre llevaba su tecomate rebosante de aguardiente.

-¿Por qué está tristeando compadrito?

-Si supiera porqué-, respondió sollozando Juan Huista.

 

En la cantina “Los Chucules” consumieron licor. 

A las once de la noche, Pedro Ixim enfiló por la calle Real, con destino a su rancho, y Juan Huista se quedó bajo la sombra de una de las dos ceibas paladeando un sabroso recuerdo,  y platicando con la nostalgia. Mientras  tanto, los pájaros, con racimos de cantos, ofrecían  sus trinos,  en las vigorosas ramas del árbol nacional.

Lloraba. Se lamentaba. Y las sombras nocturnas, como nefastos zanates, anunciaban un suceso espeluznante.

A eso de la medianoche, divisó a una  hermosa mujer que corría enloquecida, lanzando sus alaridos y él, poseído por un escalofrío, solo alcanzó a decir: ¡Es la Llorona!, y perdió el sentido.

Al siguiente día,  lo encontraron agonizando.

 *Llamo Huista, a Santa Ana Huista, porque personas de otros pueblos y del mismo pueblo,  lo denominan así desde tiempos remotos,  por ser, precisamente,  el primer poblado denominado Huista.

FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales Mérida, Elder Exvedi                                      


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Martes, 25 de mayo de 2010

Estuardo Linde,  es orgullosamente  guatemalteco. A sus 22 años  de edad está considerado entre los mejores guitarristas del mundo. Este joven virtuoso de la guitarra, originario de Barberena, Santa Rosa es de los más reconocidos exponentes de la música clásica a nivel internacional. La Fundación de Guitarra de las Américas lo califica como uno de los guitarristas más importantes de Latinoamérica, ubicándolo en el ranking número 14 de los mejores 50 guitarristas del universo. Linde inició sus estudios musicales en Guatemala a los 13 años de edad y a los 15 presentó su primer concierto como solista, auspiciado por la embajada de Alemania y a iniciativa de la recordada escritora y promotora cultural Irena Darlée (Q.E.P.D). A los 17 años realizó su primera  gira por Centroamérica y México, lo que le permitió que se diera a conocer como un virtuoso en potencia, y en 2006 obtuvo el primer premio en “The World Championships of  Performing Arts”, en Hollywood, entre más de 400 artistas provenientes de 5ª países, y paralelamente le confirieron el título “Instrumentista Gran Campeón del Mundo” y un contrato de grabación en Beverly Hills. Ese mismo año, a su retorno a Guatemaya, fue premiado por la Asociación Dante Alighieri al reconocerlo como “Guitarrista revelación 2006”. Al año siguiente viajó a Nueva York a presentarse y a estudiar en Manhattan  School of  Music y el Westchester Conservatory. Actualmente estudia en el Conservatorio de Música de Puerto Rico.  Guatemala es bella, amémosla más.


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                                                                                                                                                           Por Exvedi

Según Prensa Libre del 7 de octubre recién pasado, más de 15 mil residentes de distintos sectores de Huehuetenango carecen del servicio de agua domiciliar desde hace dos meses, debido a irregularidades en el servicio y a la ruptura  de la tubería principal. Los lugares más afectados son las zonas 1, 2, 3, 6, 7 y 8 del casco urbano, en donde el 40 por ciento de la población no recibe el suministro. 

Francisca Ramona, una de las afectadas, comentó que pese a no recibir ni una sola gota de agua en su vivienda, la municipalidad les continúa cobrando con normalidad el servicio.  Noemí Castillo, ama de casa, argumentó que hay ocasiones en que no tienen agua ni para preparar los alimentos, mucho menos para higiene personal o lavar los baños.

“Tengo que dejar de comprar algunas cosas de la canasta básica, porque debemos pagar Q100 semanales para poder tener agua”.


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Publicado por hameh0017 @ 20:00
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En Guatemala  se investiga menos que en el resto de la región y eso es terrible. ¿Hasta cuándo?  En otros países, los gobiernos establecen fondos para esa finalidad y son disputados por las universidades. ¿No es una vergüenza que en el país no exista la cultura científica…?  ¡Qué vergüenza Guatemala!

Guatemala se encuentra entre los países de Iberoamérica que menos invierte en investigaciones académicas y esa es una realidad muy triste.

El último informe de la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología —iberoamericana e interamericana— (Ricyt) señaló que en el 2007 el país apenas invirtió US$23 millones en investigaciones científicas, en comparación con los US$159.1 millones de El Salvador; Costa Rica destinó a ese rubro US$313.4 millones, y Panamá, US$99.4 millones.

¡Qué vergüenza Guatemala!

En investigación y desarrollo, Guatemala invirtió una de las cifras más bajas de la lista de países iberoamericanos, lo cual representó 0.06 por ciento de la Producto Interno Bruto (PIB) en ese año.

¡Qué vergüenza Guatemala!

Ese porcentaje es bastante menor respecto de países como Costa Rica —0.32 por ciento—, El Salvador —0.09 por ciento—, Panamá —0.20 por ciento— y al promedio continental, de 0.68 por ciento.

 ¡Qué vergüenza Guatemala!

En Guatemala, el estatal Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Concyt) ofrece financiamiento limitado para el desarrollo de investigaciones; no obstante, ese fondo —cuyo monto máximo es de Q400 mil por proyecto, y financia cerca de 10— es considerado insuficiente.

¡Qué vergüenza Guatemala!

En la actualidad, existen más de 270 proyectos de investigación en curso, entre ellos, del área del agro y de salud.

En el 2007, países del continente dieron importancia a la investigación. México destinó US$3 mil 237.7 millones; Brasil, US$19 mil 201 millones; Venezuela, US$6 mil 130 millones, y Cuba, US$423 millones, por mencionar algunos.

 ¡Qué vergüenza Guatemala!

Con agenda propia

Carlos Cabarrús, vicerrector de investigación de la Universidad Rafael Landívar, dijo que muchos de los fondos para la investigación provienen del exterior y que, en ocasiones, ya han sido destinados.

¡Qué vergüenza Guatemala!

Según la Rycit, 43.4 por ciento del dinero dedicado a la investigación científica en Guatemala durante el 2007 provino de fuentes extranjeras; 37.9 por ciento, del Estado, y 18.7 por ciento, de las universidades.

¡Qué vergüenza Guatemala!

En investigación para el desarrollo, 27.9 por ciento fue estatal, 21.7 por ciento fue universitario y 50.5 por ciento llegó del extranjero.

 ¡Qué vergüenza Guatemala!

La mayoría de esa inversión se canalizó a ciencias médicas, naturales y agrícolas, con más de Q30 millones en cada una, según datos del Concyt.

¡Qué vergüenza Guatemala!


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Publicado por hameh0017 @ 19:58
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Viernes, 21 de mayo de 2010

HOY, HACE 29 AÑOS, FUE ASESINADO MI PADRE

En su memoria, comparte un fragmento de una breve novela (si puede dársele tal nombre), que comencé a “garrapatear” desde mi juventud. 

 

LA ÚLTIMA TARDE

Era tarde, las seis, quizás. Las nubes anunciaron  lluvia. Relámpagos. Truenos. Rayos. Luego, aguaceros. Era miércoles,  20 de mayo de 1981.  Con mi  madre y mis hermanos bebíamos café. Mi padre estaba callado, con la mirada clavada en el suelo.

-Mis hijos, los quiero mucho-, dijo, rompiendo su silencio, y agregó: Mija, cuidalos y perdoname por los dolores que te he dado. 

Estas palabras fueron para mi madre como otro negro presagio...

Sergia, Adalid y yo, nos fuimos a dormir. Mi hermana Abigail, que era bebé, dormía en los brazos de mi madre.  Me esforcé en no dormirme, pero fui vencido por el sueño. Mis padres platicaron por largas horas. ¿De qué? No lo sé.

 

Y LLEGO EL DIA MÁS NEFASTO

El jueves 21 de mayo de 1981, a las siete de la mañana, oímos el chirrido de la llave que daba vuelta en la cerradura de la puerta, cuando se fue a la municipalidad. Partió sin despedirse sin palabras. Ni un solo acento se asomó en sus labios grandes y carnosos. Abrazó a mi madre, a sus hijos nos dio un beso en la frente y con una mirada melancólica, triste y enigmática, se despidió.  En sus pupilas yo podía  leer su última adiós. Callamos largamente…

 

Algunos sabían lo que ese día sucedería, entre ellos él…, que minutos antes se había ocultado detrás de la imagen de Jesús Nazareno, que mora en la cercana parroquia. Si la efigie de Jesús Nazareno hubiese podido estrellarle su cruz, lo hubiera hecho, pero no, no podía, pues no tenía siquiera el poder que tiene una hoja seca que arrastra el viento. 

 

Esa  mañana estaba sentado en su escritorio trabajando, mientras en el parque, un grupo de jóvenes charlaba  y jugaba naipes.

De pronto,  individuos  con el rostro cubierto y fuertemente armados, entraron al pueblo; subieron al segundo nivel donde estaba el despacho de mi padre.

Los muchachos que jugaban naipes en el parque corrieron despavoridos al verlos llegar.
“Los del monte muchá”,  vociferaron.
A los demás ya no les dio tiempo de pronunciar una sola palabra, y se esfumaron de inmediato.

Mientras tanto, Manuel Lemus (más conocido como Pico Mudo y que era su Comisario), detrás de Jesús Nazareno esperaba ansioso oír los primeros disparos.   

Mi papá  trabajaba. Acababa de acomodarse los anteojos oscuros, cuando los demonios interrumpieron. Le dispararon a quemarropa,  sin darle tiempo a defenderse; sí como lo hacen los cobardes, los animales salvajes.

Manuel, su comisario, lloró de júbilo al oír ladrar esas armas.

 

Posteriormente, los demonios se dirigieron a la casa de tío Miguel Ángel Taracena, hermano de mi abuela materna, Ana Olimpia,  y le dispararon catorce veces con arma de fuego, dejándolo gravemente herido.  De igual manera hirieron al señor Emilio Escobedo Velázquez, quien se encontraba en la Oficina de Correos y Telégrafos de la que era encargado. Las víctimas heridas fueron trasladadas a un hospital de la cabecera departamental de Huehuetenango, donde don Emilio Escobedo Velázquez murió diez minutos después de su ingreso. Don Emilio nació  el 21 de mayo 1922  y falleció el 21 de mayo de 1981)

Manolo Matamoros Morales, que había ido con su madre a casa de la señora Esther Lemus y que era un infante aún, fue uno de los testigos. Desde la esquina de la casa divisó al grupo de guerrilleros enmascarados y corrió a informar a la señora Esther, a mi tío Miguel y a su madre, pero no le creyeron. Manolo, en su inocencia, se ocultó debajo de la butaca de tío Miguel, quien en ese momento descansaba, en dicho mueble. Cuando de pronto, los guerrilleros ingresaron a la casa. En las puertas, algunos miembros de la guerrilla se pararon para evitar que alguien se escapara. La medre de Manolo logró huir y refugiarse en casa de su suegra Elena Armas, que vive a poca distancia. Dispararon varias veces estando Manolo debajo de la butaca. Para su buena suerte, no le sucedió nada a Manolo a pesar de la cercanía de tío Miguel. 

 

 Para la época,  viajar a la cabecera departamental de Huehuetenango constituía una odisea, pues el transporte era escaso y caro.

 

Tío  Miguel estaba entre la vida y la muerte. La noticia de que estaba en ese estado,  fue transmitida de boca en boca. La nueva noticia causó más impresión en todo el  pueblo. Estuvo luchando durante muchos días. Sus miradas agónicas quedaron clavadas en lo más profundo de mi corazón. 

Recuerdo que fui a su casa  a verlo, poco tiempo después de que lo balearan. Tía Esther Lemus lloraba a su lado, mientras él abrazaba y bendecía a Arnoldo, hijo de tía Eluvia y a quien crió como si fuera su propio hijo.

Tío Miguel aún vivió 8 años y murió de goma, según decía la gente. Efectivamente,  consumía mucho licor durante sus últimos años. 

 

Orgulloso mostraba la enorme cicatriz que atravesaba su diafragma. Rememoro que siempre que estaba ebrio, maltrataba con ira a los políticos, diciendo que eran una porquería. Posiblemente por eso intentaron eliminarlo físicamente.

 

  Volviendo a los demonios, al cumplir la misión terrible, sonrieron con expresión satánica y huyeron bajo la mirada de Dios. Según esos testigos, los asesinos iban con el rostro cubierto, sin embargo, ya se sabía quiénes eran. Mi abuelo paterno, llamado Próspero y más conocido como “Posh”, al enterarse de lo sucedido, dijo entre sollozos “hijos de la gran puta, mataron a mi hijo”.

Los animales salvajes huyeron. Se disiparon pronto. Y en breve, mi madre y sus hijos íbamos a despertarlo en vano: Ya dormía el sueño eterno.

Fue muerto salvajemente. Le cortaron la vida en un  instante y nos condenaron a siglos de dolor, pobreza e injusticia.

Manuel había sido contrincante de mi padre durante la recién pasada contienda electoral, pero había sido derrotado. (Tiempos después, don Chimino, íntimo amigo de mi padre, me comentó: “Le dije a tu papá: No compadre, no lo deje de Comisario, usté sabe que lo lleva mal&rdquoGui?o. Pero mi padre hizo caso omiso.

 

Retornando a las 11.50, cuando se oyeron los impactos, mi madre exclamó: ¡Chente!

Tomó a Ana Abigail, y salió de prisa hacia el ayuntamiento que queda a una cuadra. Detrás de ella, mi hermana Sergia y de último, Adalid y yo.

Mi hermano iba cojeando y sosteniéndose en las paredes, pues tenía un “nacido” en la pierna derecha. A pocos metros de la alcaldía,  doña Lola Hernández  salió al encuentro de mi mamá y gritando, le dijo: “Güicha, Güicha, mataron a Chente, mataron a tu marido”. ¡No lo podía creer! ¡No lo podía creer! ¡No lo podía creer!

 

Mi madre, con una desesperación incontrolable, llegó al  despacho y nosotros le seguimos.

Cuando descubrió que lo habían acribillado a balazos, gritó de espanto, de dolor. Nunca en mi conciencia se borrará jamás esa faceta triste, maldita. Todos estábamos perplejos de estupefacción ante nuestra desdicha. Los gritos de dolor y de pánico fueron ahogados con aplausos de la muerte. Llamas de sufrimiento chisporroteaban en nuestros corazones. Mi madre gritaba, lloraba desconsoladamente.  Lo tomaba de la camisa y le rogaba despertara. Lo abrazaba y no dejaba de lanzar sus gritos  desgarradores. El terror se había apoderado completamente de nosotros. 

Segundos después que nosotros llegamos,  se oyeron repiques tristísimos de las campanas de la  parroquia: otra vida se había apagado. Poca gente se agolpó en torno del cadáver. Nada se pudo hacer para salvarle la vida.

 

La tristeza nos tenía absortos.  Mi madre no aceptaba la realidad.  Le hablaba, le exigía respuestas.  Enfurecida volvía a tomarlo de la camisa y le gritaba: “¡Chente! ¡Chente! despierte”.

Gran desgracia la nuestra, éxito rotundo para ellos…

Se puso término a la persecución de mi padre. Se consumó el plan  de asesinarlo. Mi tía Zoila, hermana de mi papaíto, acudió  lo más presto posible, ya que vivía a pocos pasos.

 

Manando sangre en abundancia estaba aún su cadáver.    Ya no  era posible despertarlo del sueño.

No podía ser. Era una cruel realidad, una maldita realidad. 

Exánime mi papá, lucía aún sus lentes oscuros. Nos causó el más vivo dolor tanta tribulación. La sangre que manaba de sus heridas mortales no cesaba. Teníamos el alma traspasada del dolor más negro.  Su cuerpo inanimado y frío quedó sentado, como si nada hubiese sucedido. Con sus lágrimas abundantes, bañaba mi  madre su rostro salpicado con la sangre que brotaba de las heridas.

 

Muchos no descubrieron la identidad de sus victimarios, pero yo sí, incluso, muchos años después tuvieron el descaro de entablar conversaciones conmigo. Esos hombres de alma insensible y podrida, esos demoníacos  parásitos, creían que no sabía nada.

-Fuimos cuartazos con Paúl-, decían siempre.

 

 

El trágico  desenlace aún nos muerde el  espíritu.

 

Volvamos a la escena del crimen…

 Con la sábana que llevó mi tía Zoila, envolvieron el cadáver y  luego lo llevaron a casa.

Las personas que llevaron el cadáver  en una sábana que dio mi tía Zoila, hermana de mi padre fueron los señores Valerio Jerónimo, Crisantos Méndez, Filiberto Mendoza Lemus y Arcángel Herrera, que también correría la misma suerte.  La trágica noticia corrió velozmente. De boca en boca, la crónica de su muerte llegó a los rincones más apartados del pueblo y más allá.

¡Habían asesinado al alcalde!

 

Mientras conducían el cuerpo, Adalid y yo fuimos a observar otros fallecidos que estaban tendidos  frente al Centro de Salud.  Los cadáveres estaban deformes.  Más estupefactos quedamos ante tal escena.

 

Mi madre no volvía en sí del acontecimiento, de la espantosa situación. No estaba en juicio. No estaba de acuerdo con el destino. En un momento cerró sus ojos y cayó, perdiendo el conocimiento. Nosotros, sus hijos, nos asustamos y corrimos llorando hacia ella. Algunas personas la auxiliaron y se perturbaron más. Sergia, Adalid y yo, llorábamos en su derredor. Ana Abigail era cuidada por mi hermana Bety.   Mi  papaíto ya jamás podría abrir sus brazos fuertes para recibirnos.  Ya no caminaría con nosotros por las calles ufanándose.

 

Los gritos permanentes de mi madre no cesaron. Nada ni nadie alivió  nuestro dolor. 

Entonces el pueblo se convirtió en el más pavoroso  infierno.

 

Se derramó tanta sangre inocente, por eso sé que la conciencia jamás los dejará  vivir con serenidad. 

¡Tantos sollozos de mi madre guardo en mi memoria!

Ella enviudó a los 24 años.

 

El pueblo irritado, perturbado, ya no sabía qué hacer. Muchos santanecos huyeron a México.

 

En vano oró el pueblo…

Y yo apenas llevaba a cuestas  4 años, 6 meses, 16 días, 19 horas y 30 minutos; el tercero de cuatro huérfanos.

EL VELORIO

Volviendo a la tragedia familiar,  evoco ese momento cuando vimos su cuerpo colocado sobre dos viejas bancas. Cuatro candelas   le aguardaban  a los cuatro puntos cardinales, como si fuesen guardianes.  Había más gente en casa. Cada vez se sumaban los vecinos llevando coronas de flores naturales y artificiales, chalinas y diversos adornos fúnebres.  A pesar del miedo, las personas fueron acudiendo y pronto la casa se llenó. Pero en  las calles se paseaban el terror, el miedo, el abatimiento y la muerte.

Recuerdo a un funesto personaje que lo miraba de frente. El susodicho movía los labios como diciéndole: Te hemos derrotado.

-Acaban de pasar dos hombres. Pasaron viendo si mataron al finadito-, oí que dijo una anciana, llamada María Chucul.

 

La gente, tímidamente, hacía cometarios sobre los últimos acontecimientos.

Mi madre seguía llorando, nadie podía consolarla.  Desde afuera, una de las tantas mujeres que tuvo amoríos con mi padre, miraba el cadáver. 

 

La viuda vestía un traje negro, de riguroso luto.

La hipocresía de algunos asesinos al darle el pésame era notorio…

Bety, Sergia, Adalid y yo, estábamos también vestidos de negro.

 

Por largo rato lloramos arrodillados al pie del féretro.

Jamás en mi vida he visto llorar a una mujer como lo hizo mi  madre. Nunca.

 

La noche fue eterna.

 

El sol comenzaba a morir lentamente, cuando un  oficial del Ejército entró y saludó muy fríamente a los veladores.

-Fue un buen  alcalde. No huyó, como lo han hecho muchos, aseveró, viendo el cadáver.

Y agregó: Con su vida pagó su valentía, pero los hijos de cien putas de guerrilleros, lo pagarán.

 

No sé, han pasado los años y aún me embarga la tristeza y mi llanto hondísimo no se ausenta jamás.

 

Repito: Mi madre no dejaba de llorar: Estaba ronca de tanto sollozar. Transida de dolor y angustia, contemplaba el cuerpo inerte. Las cuatro velas, cuyas bases eran de tallo de guineo, derramaban sus cristalinas lágrimas.

 

Las facultades mentales de mi mamá se habían alterado. Mis abuelos maternos la alentaban, pero  nada ni nadie podían contener su desgarrador suplicio.

La noche triste era interminable.

 

Maco (el sordomudo), frente al difunto, murmuraba algo… 

Escarbándose  los dientes con una astilla   de ocote, miraba a todos.

 

-Volándole lente a la Juana está ese cabrón-, escuché que musitó un adolescente.

 

Mi madre no se apartó del cadáver durante todo el tiempo.

 

Mi padre se miraba sereno, con las manos cruzadas sobre el pecho, con los ojos cerrados, con los labios mudos. Vestía pantalón negro y una camisa blanca. Daba la sensación de dormido.

Por breves momentos, mi mamaíta  solo suspiraba  y luego se hacían oír sus patéticos alaridos.  -¡Chente! ¡Chente!, gritaba  insistentemente.

 

En los ojos de Bety, tampoco dejaban de brotar las lágrimas. 

 

Predomina en mi mente esa maldición y me duele perpetuamente el alma.

 

Se sirvió café al atardecer, y al anochecer, la cena, que consistía en frijoles con arroz, café y tortillas recién salidas del comal, como se acostumbra en el pueblo. A este banquete le llaman “comida de difuntos”.

 

A la medianoche, volvieron a repartir café con pan. Además,  aguardiente.

 

Un grupo de jóvenes contaba chistes obscenos, colorados,  debajo del achiotal.

A cada momento pasaba mi hermana Bety con otras mujeres  sirviendo café. Algunos ancianos, para disipar un poco las penas,  narraban leyendas de la Llorona, de la Siguanaba, del Sombrerón y del Cadejo.  

 

Ese día, como ya lo dije, entre los que dieron el pésame, iban algunos de los cobardes delincuentes.

Los borrachos permanecían velando el cadáver y evocando momentos que compartieron junto a él.                Muy  cerca del limar, unos jugaban a las cartas o naipes. El olor de cigarrillos era permanente.  Los asesinos que nos acompañaron simulaban bien su alegría. Las carcajadas abusivas de los contadores de chistes no cesaban, como es costumbre en los pueblos.

La sangre se agolpó en la frente de mi madre, pues la impertinencia, cinismo y estupidez la enfadaron de nuevo.    Con su semblante irritado, sus ojos llenos de lágrimas, se puso de pie y gritando dijo: ¡Ya es suficiente que hasta aquí nos sigan torturando!  Ya lo mataron ¿no? Entonces, ¿qué más daño nos harán?

En breve reinó el más profundo silencio. Paseó una mirada colérica por todas  las personas escandalosas y cuando fijó su mirada en un sujeto moreno, mal encarado, le dijo: Un día beberán su propio veneno.

 

No volvió a oírse ni un leve acento. Todos los que estaban  ahí, uno a uno se fueron esfumando.  Enseguida,  mi madre prorrumpió en llanto y mi abuela Limpa la confortó.

Tía Rebeca, hermana de tía Esther y de Eluvia Lemus, me abrazó cariñosamente y me expresó: Animo Chentío, vos sos fuerte.

 

Mi mamá seguía desecha en lágrimas. Sirvieron  más licor o cusha. Los cigarros despedían ráfagas de humo y el ambiente apestaba a veces a bolos. Ya no se oyeron más palabras obscenas, carcajadas y gritos. Aquellos que sonreían con malicia fueron a seguir celebrando a otra parte.

Cuando dirigí   mi mirada  al lugar donde se había suscitado el pleito, bajo el limar, vi una silueta parecida a mi padre y me quedé boquiabierto.   Me asaltaron tantas dudas. ¿Era el espíritu de mi papá que se negaba a partir? No encontré respuesta eficiente a tan extraordinario fenómeno. Han pasado los siglos… y yo sigo meditando sobre ese suceso.

 

La noche del velorio era oscurísima,  como un abismo aterrador.

Con una mirada de odio, la muerte nos intimidaba.

 Los cabellos de mi padre jamás llegaron a blanquearse. Joven lo obligaron a irse. Mi mamá amaneció velando, en ningún momento cerró sus ojos, excepto cuando evocó su pasado.

 


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Publicado por hameh0017 @ 11:21
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Jueves, 20 de mayo de 2010
Gracias a todos por los comentarios a las breves y sencillas notas publicadas en este blog que he improvisado. Son muy finos.

Saludos
Eldr Exvedi
El eterno aprendiz

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Publicado por hameh0017 @ 11:07
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Martes, 11 de mayo de 2010

“HUISTA VERDE”

Santa Ana Huista, Huehuetenango, Guatemala

COMUNICADO DE PRENSA No. 9– 2010

  LA ROBLADA, URGE SEA DECLARADA AREA PROTEGIDA

Hablar de la flora y fauna de Santa Ana Huista, Huehuetenango, es hablar de un tema que conmueve, que duele, que nos llena de amargura.

 

La abundancia que antes existía se ha reducido precipitadamente  por diferentes causas, entre las que destacan esencialmente la deforestación y el avance de la frontera agrícola. Ha desaparecido la cobertura vegetal y ha disminuido la presencia de la flora y fauna silvestre.

 

En el municipio  existe un alto grado de deforestación, ésta se origina como consecuencia de la condición económica precaria de los pobladores, al no disponer de los recursos suficientes para la compra de gas propano, se ven en la necesidad de utilizar la leña como fuente de energía, para la preparación de los alimentos (aunque también personas que tienen la posibilidad económica recurren a esta práctica); finalmente se talan los árboles para el uso de la madera en el comercio.

 

El problema crece cada vez más  y aún no existe ningún control sobre los recursos naturales, de manera que éstos se utilizan de forma irracional, lo que provoca la reducción de las reservas forestales.

 

La destrucción   y degradación de los bosques y la consiguiente erosión del suelo, al aumentar la escorrentía superficial y disminuir la infiltración, afecta la acción reguladora del régimen hídrico que tienen los ecosistemas forestales.

Las repercusiones son: la pérdida de la diversidad biológica, el daño al hábitat de la flora y fauna silvestre, la degradación de las cuencas, la decadencia de la calidad de vida de los habitantes y la reducción de las opciones para el desarrollo.  

 

Pero a  pesar de la tala inmoderada de árboles, todavía se encuentran algunas especies en el área, sin embargo, si no se implementan las medidas necesarias y se hace conciencia en la población, sobre la utilización de los recursos forestales, en un futuro se extinguirán por completo, lo que implicaría mayores problemas para los santanecos.

Por esa y muchas razones, exigimos que  “La Roblada”, ubicada al sur de Santa Ana Huista, sea declarada área protegida, porque está desapareciendo rápidamente, sin que nadie diga ni haga nada. Es un bosque que pide auxilio y aún es tiempo de hacer algo efectivo. Mañana será tarde.

 

Es urgente resolver la problemática de la tala inmoderada de árboles, es necesario contar con programas de reforestación  que ayuden a disminuir este fenómeno que afecta a todo el municipio. La disminución progresiva de la cobertura vegetal nos llama a tomar cartas en el asunto.

Urge declarar área protegida a “La Roblada”.

***

¡Aún es tiempo de  un cambio de actitud personal, familiar y comunitaria!

Elder Exvedi Morales Mérida                                                                         CELULAR: (502) 55 22 63 04                                                                   [email protected]                                                                            huistablogcindario.com

Santa Ana Huista, Huehuetenango, martes 11  de mayo 2010


Tags: COMUNICADO DE PRENSA

Publicado por hameh0017 @ 10:51
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Martes, 04 de mayo de 2010

MADRE, VUELVO A TI

 

Madre mía,

ven a mí con alegría

que he regresado del viaje;

mira, triunfal, semblante traje.

 

Madre abnegada,

ha terminado otra jornada

y  vengo con las manos

llenas de frutos lozanos.

 

Madre ¡Oh, mi emblema!

terminó otra larga faena

y vuelvo a tu seno sagrado

con el pan bien ganado.

 

Madre santa,

tus ánimos levanta,

pues siempre he practicado

los valores que en mí has inculcado.

 

Partí  con la alforja vacía

pero no  con el alma mía,

porque en ella tú has sembrado

toda buena semilla que ha germinado.

 

Tus esfuerzos no fueron vanos.

¡Mira los callos de mis manos!

Son muestra que he trabajado

y que soy hombre honrado.

 

Vuelvo a ti, madre querida,

con el alma henchida

y sumergida en sencillez,

gratitud y prez.

 

MADRE SANTANECA, MADRE MIA...

 

Toma los sendos ramos de flores,

Madre santaneca, madre mía.

Al Señor yo dedico loores,

por legarme esta alegría...

 

Madre santaneca, madre mía,

toma los versos de gratitudes

y también la dulce sinfonía

que te dedico por tus virtudes.

 

Madre santaneca, madre mía,

eres una mujer abnegada.

Para DIOS eres de gran valía.

Madre, eres presea preciada.

 

Madre santaneca, madre mía,

en tu corazón vive el amor,

ese gran amor que cada día,

recibes de Dios nuestro Creador.

 

Madre santaneca, madre mía,

tú has llorado, tú has reído

por este hijo que cada día,

mantiene tu corazón herido...

 

Madre santaneca, madre mía,

a DIOS yo le elevo mi oración,

para que él, te dé valentía

y un perseverante corazón.

 

FLORES PARA TI, MADRE

 

Madre mía,

toma estas flores

que son mi florida poesía,

que son mi gratitud.

 

Antes que tú partas,

si no lo hago antes yo,

quiero darte este ramo de flores,

el más aromático, de mi pénsil eterno.

 

Quiero que en vida

tú estrujes entre tus manos

este regalo silvestre

que he cultivado en mi corazón.

 

Toma, madre mía,

este ramo de flores

que se han tornado

en música y poesía.

 

Flores para ti, madre,

traigo en mi numen,

en mi níveo arte,

en mi alma agradecida.

 

 

MADRE SANTANECA

 

Eres mujer de inefable amor

que ríes y lloras por los tuyos...

luchas en la lid sin ningún pavor;

Oh mujer experta en arrullos

 

Recibe ¡Oh madre santaneca!

la bendición que hoy te dedico,

el caudal de mi amor no se seca...

guárdala Señor te lo suplico.

 

MADRE SANTANECA

 

Madre, con mis versos te bendigo,

con mi canto, amándote sigo;

y...arrodillado en el suelo,

elevo mis plegarias al cielo.

 

Le pido a DIOS, a nuestro Creador,

que te dé sabiduría y más amor...

y que también te dé valentía.

Oh madre, toma mi sinfonía,

 

Madre santaneca te bendigo,

porque tú has estado conmigo

en cada momento de mi vida,

Oh madre, presea bendecida.

 

Tú, ¿Cuántas lagrimas has vertido,

por este ser malagradecido?

¡Oh cuántas lágrimas silenciosas,

por mí han brotado como rosas!

 

Oh madre tú eres abnegada,

tú, de noche y de madrugada,

y de día te preocupas por mí,

y por eso yo confío en ti.

 

Gracias Señor, mi Creador,

por mi madre que es un gran amor.

Madre santaneca te bendigo.

Por ti a DIOS yo siempre le pido.

 

*Estos garabatos que nunca llegaron a ser versos, los escribí en mi adolescencia, allá por 1991.


Tags: POESIA

Publicado por hameh0017 @ 20:04
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Lunes, 03 de mayo de 2010

 

   Más de 884 millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable, incluyendo habitantes de poblaciones de las regiones más empobrecidas de Guatemala y en barrios periféricos de la ciudad capital y otros importantes centros urbanos, además de que 2,600 millones de personas no cuentan con los servicios mínimos de saneamiento, como drenajes y retretes, por ejemplo.

   Estos y otros datos más me los envió mi amigo el poeta Exvedi Morales, a quien he mencionado más de una vez en este espacio y que persevera en luchar solitariamente por evitar que persista la contaminación del río Huista y por preservar el ambiente de Santa Ana Huista, en Huehuetenango, donde reside.

   Este joven ambientalista de vocación sigue sin encontrar apoyo de ninguna de las múltiples onegés ecologistas que funcionan en el país, pero aun así decidió crear la Fundación Huista Verde, con la colaboración de estudiantes de secundaria de su lugar de origen.

   De cara a la escasez de agua que se agudiza en todo el mundo, Exvedi obtuvo información que resulta sobrecogedora para quienes aún tienen compromiso con la naturaleza y con el futuro de sus nietos y demás descendencia, y de esa cuenta señala que cada 15 segundos muere un niño por una enfermedad causada por la falta de acceso a agua segura para beber, saneamiento deficiente o la falta de higiene.

   Cerca de 2 millones de toneladas de residuos se arrojan cada día a ríos y mares, lo que provoca propagación de enfermedades y extinción de ecosistemas, que incluye la flora y la fauna marina y de agua dulce, al extremo de que los animales de ríos y lagos se están extinguiendo cinco veces más rápido que los terrestres.

    ¿Se ha preguntado usted -plantea el documento base- cuánta agua ahorraríamos si adoptamos nuevos hábitos y cuánto líquido desperdiciamos por minuto? He aquí algunos datos. Al bañarse y mantener la regadera abierta durante cinco minutos se desperdician 100 litros; al cepillarse los dientes, 20 litros si no cierra el grifo; 10 litros por minuto si se mantiene un chorro abierto; una gotera, 75 litros de agua al día; de 6 a 18 litros del líquido por cada descarga en el inodoro, y al lavar el automóvil con manguera se desperdician 500 litros del preciado líquido.

    ¿Se da cuenta usted que si cambia sus hábitos, tales como enjabonarse el cuerpo y echarse champú en la cabeza con la llave de la regadera cerrada, al igual que cierra el grifo cuando se lava la boca, y no utiliza manguera para lavar su carro? Para citar algunos casos. Ya es tiempo que usted, padre y madre de familia, no sólo ahorren agua sino que enseñen a sus hijos a no desperdiciarla.

    (Una tía de Romualdo es tan, pero tan flaca que no se puede bañar en regadera, sino que lo hace a puros guacalazos, para poder mojar su esquelético cuerpo)

Guillermo Castañeda Lee
Lunes, 26 de Abril de 2010 14:59

Don Eduardo, eso es mas complicado que decir que el desperdicio es lo que genera el problema, pues si Usted lo analiza con profundidad, verá que esos que desperdician son los que pagan el servicio de los que apenas consumen agua.
Otro problema es que cuando el servicio ya es municipal, las personas tienen la percepción de que tiene que ser casi regalado.
Hay personas que compran agua en tonel y gastan en 30 toneles, Q300 mensuales. Si el agua fuera municipal y les cobrara Q50 por los 30 toneles, téngalo por seguro que lincharían al alcalde.
Así que mejor no extender el servicio de agua, pues arriesga su vida.


Maria Green
Lunes, 26 de Abril de 2010 17:44

SR.Villatoro,
usted siempre siguiendo de cerca el problema del agua, ha escrito otros artículos al respecto y la preocupación futura.
El no tener acceso a agua potable da el índice de muertes más alto en todo el mundo.
Según la ONU en el mundo hay 884 millones de personas sin acceso a agua potable.
Si estas cifras ya asustan que será en estos años que vienen y con el cambio climático?
Felicito al poeta Exvedi por su lucha, tenacidad y amor en sus proyectos por defender el ecosistema- Esperemos que sean apreciados sus esfuerzos y que los ambientalistas de corazón le den una mano, tan necesaria.
Nada cuesta ahorrar agua y luz, es cosa de proponérselo.

 

Elder Exvedi Morales Mérida
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:05

Estimado lic. Eduardo Villatoro, de nuevo gracias por continuar con el tema. A las apreciables personas que opinan, también gracias por no quedarse apáticos e indiferentes. Y a las que a mi correo me han enviado insultos, también gracias por exteriorizar sus sentimientos, porque el silencio es terrible y le tengo mucho pavor. Lástima que a la gente de Santa Ana Huista le importe un comino ver cómo la tala inmoderada e árboles sigue, como el río Huista agoniza, como el agua, que tenemos en abundancia, es despilfarrada.


Elder Exvedi Morales Mérida
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:16

En Santa Ana Huista, Huehuetenango, como en muchas partes del planeta, abundan los hipócritas, las personas de doble moral. Dice ser cristianos y los vemos talando árboles, desperdiciando el agua. En este pueblo se me odia porque lo he dicho en varias ocasiones. Y es que no puedo dejar que el silencio me cierre la boca... ¿No nos dio Dios este mundo para administrarlo correctamente? Destruir lo que Dios creó, es escupirle la dignidad.


Anselmo Diaz
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:18

En Huehuetenango es normal ver todo esto. Basureros por todas partes. Y a nadie le importa. Es difícil escuchar que alguien proteste. Que bueno que el poeta Exvedi lo haga. Creo que es el único que lo hace.


Elder Exvedi Morales Mérida
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:22

El verdadero cristiano ama y cuida su hogar, y entiende que Dios nos lo ha dado. De maneras muy sencillas podemos demostrar que El existe. Por favor entendámoslo todos: los árboles, los ríos; la fauna, la flora, etc., es una dádiva de DIOS.
Ojalá la gente de Santa Ana Huista despierte y se dé cuenta que el río Huista, que los pocos bosques que quedan, etc., serán mañana tan solo un recuerdo, sino no despertamos de ese letargo.


Elder Exvedi Morales Mérida
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:26

Gracias Lic. Villatoro, gracias a  La Hora, gracias a todos, y perdonen mi insistencia, pero me invade la angustia de saber que el río Huista está agonizando y que a nadie le importa; que la tala inmoderada de árboles continúa, que el agua se desperdicia, que todo se acaba, y que todos están apáticos e indiferentes: profesores, líderes religiosos, estudiantes, padres de familia, cristianos, ciudadanos...


Carlos Lopez
Lunes, 26 de Abril de 2010 19:49

Guallo; es importante escribir sobre este tema, el caso es que estas lineas no las leen y los que lo hacen, sí, saben usar el agua,
el tema es: que HACER PARA QUE LAS PERSONAS LEAN ESTO, sepan esto, o como publicar esto en nuestro diario que ese si lo leen hasta los analfabetos ademas añadir la cita de APOCALIPSIS 7: 3 NO DAÑEN LA TIERRA NI LOS ARBOLES NI EL MAR hasta......


Guillermo Castañeda Lee
Martes, 27 de Abril de 2010 08:46

Y la humanidad perecerá, no por el calentamiento global o por las eras glaciares que vienen a continuación, sino que lo hará por el aumento desmesurado de la población, que los hacinamiento generarán pestes y muerte.
Los vestigios humanos tienen 4 millones de años, quiere decir que hemos soportado 50 calentamientos y 50 enfriamientos y no hemos sucumbido.
Agua habrá pues empezaremos a construir presas para almacenar la de invierno para usarla en verano. Contaminada pero allí encontraremos la forma de filtrarla y purificarla.

Wilder Velásquez
Martes, 27 de Abril de 2010 16:47

El agua es tan indispensable que hemos llegado a considerarlo la vida misma.
Creo muy importante que desde la niñez se mencione la dependencia del hombre con el recurso vital que es el agua. Que en los programas de estudio desde la escuela primaria se forme a todos los estudiantes con la conciencia de cuidar este recurso.
Si éstos niños aprenden y llevan a la práctica lo obtenido en las escuelas, en unos pocos años podran manejar con responsabilidad el uso de éste bendito recurso.
Lamentablemente es muy difícil concienciar a los adultos de la importancia de cuidar nuestros recursos. De todas formas felicito a quienes arduamente luchan por manifestar los problemas actuales, producto de nuestro mal uso de los recursos.
Saludos.

 


Tags: Articulo Guatemala, La Hora, lunes 26 de abril de 2010

Publicado por hameh0017 @ 19:29
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MADRE, VUELVO A TI

 

Madre mía,

ven a mí con alegría

que he regresado del viaje;

mira, triunfal, semblante traje.

 

Madre abnegada,

ha terminado otra jornada

y  vengo con las manos

llenas de frutos lozanos.

 

Madre ¡Oh, mi emblema!

terminó otra larga faena

y vuelvo a tu seno sagrado

con el pan bien ganado.

 

Madre santa,

tus ánimos levanta,

pues siempre he practicado

los valores que en mí has inculcado.

 

Partí  con la alforja vacía

pero no  con el alma mía,

porque en ella tú has sembrado

toda buena semilla que ha germinado.

 

Tus esfuerzos no fueron vanos.

¡Mira los callos de mis manos!

Son muestra que he trabajado

y que soy hombre honrado.

 

Vuelvo a ti, madre querida,

con el alma henchida

y sumergida en sencillez,

gratitud y prez.

 

MADRE SANTANECA, MADRE MIA...

 

Toma los sendos ramos de flores,

Madre santaneca, madre mía.

Al Señor yo dedico loores,

por legarme esta alegría...

 

Madre santaneca, madre mía,

toma los versos de gratitudes

y también la dulce sinfonía

que te dedico por tus virtudes.

 

Madre santaneca, madre mía,

eres una mujer abnegada.

Para DIOS eres de gran valía.

Madre, eres presea preciada.

 

Madre santaneca, madre mía,

en tu corazón vive el amor,

ese gran amor que cada día,

recibes de Dios nuestro Creador.

 

Madre santaneca, madre mía,

tú has llorado, tú has reído

por este hijo que cada día,

mantiene tu corazón herido...

 

Madre santaneca, madre mía,

a DIOS yo le elevo mi oración,

para que él, te dé valentía

y un perseverante corazón.

 

FLORES PARA TI, MADRE

 

Madre mía,

toma estas flores

que son mi florida poesía,

que son mi gratitud.

 

Antes que tú partas,

si no lo hago antes yo,

quiero darte este ramo de flores,

el más aromático, de mi pénsil eterno.

 

Quiero que en vida

tú estrujes entre tus manos

este regalo silvestre

que he cultivado en mi corazón.

 

Toma, madre mía,

este ramo de flores

que se han tornado

en música y poesía.

 

Flores para ti, madre,

traigo en mi numen,

en mi níveo arte,

en mi alma agradecida.

 

 

MADRE SANTANECA

 

Eres mujer de inefable amor

que ríes y lloras por los tuyos...

luchas en la lid sin ningún pavor;

Oh mujer experta en arrullos

 

Recibe ¡Oh madre santaneca!

la bendición que hoy te dedico,

el caudal de mi amor no se seca...

guárdala Señor te lo suplico.

 

MADRE SANTANECA

 

Madre, con mis versos te bendigo,

con mi canto, amándote sigo;

y...arrodillado en el suelo,

elevo mis plegarias al cielo.

 

Le pido a DIOS, a nuestro Creador,

que te dé sabiduría y más amor...

y que también te dé valentía.

Oh madre, toma mi sinfonía,

 

Madre santaneca te bendigo,

porque tú has estado conmigo

en cada momento de mi vida,

Oh madre, presea bendecida.

 

Tú, ¿Cuántas lagrimas has vertido,

por este ser malagradecido?

¡Oh cuántas lágrimas silenciosas,

por mí han brotado como rosas!

 

Oh madre tú eres abnegada,

tú, de noche y de madrugada,

y de día te preocupas por mí,

y por eso yo confío en ti.

 

Gracias Señor, mi Creador,

por mi madre que es un gran amor.

Madre santaneca te bendigo.

Por ti a DIOS yo siempre le pido.

 

*Estos garabatos que nunca llegaron a ser versos, los escribí en mis adolescencia, allá por 1991.


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Publicado por hameh0017 @ 19:25
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“La patria, les decía, es una casa

donde vivimos todos como hermanos.

Es una hermosa casa, mis amigos,

que todos afanosos levantamos”.

(LA PATRIA QUE YO ANSIO, Julio Fausto Aguilera)

Muchos grandes patriotas guatemaltecos que le han dado lo mejor de sí a nuestro país, frecuentemente vapuleado, han estado, están y, al parecer, seguirán estando en el olvido. Uno de esos casos es el gran poeta Julio Fausto Aguilera, de quien no he sabido nada desde el 2006. Y parte de culpa la tienen los profesores por no dar a conocer a los educando nuestros valores que, como bien sabemos, abundan. Luis Cardoza y Aragón, Tito Monterroso, Otto René Castillo, Isabel de los Ángeles Ruano, Margarita Carrera, Rina Lazo, Mario Monteforte, Carlos Mérida, Rafael Landivar, José Milla, Rodríguez Macal,  Joaquín Orellana, y la lista es interminable.

El viernes 4 de agosto del 2006, conocí al poeta Julio Fausto en “Cabecitas de algodón” en Antigua Guatemala y desde ese día no he sabido nada de él.

 

 Con un buen número de alumnos y profesores del Colegio Bilingüe  Lehnsen Las Américas,  Zona 13 de la ciudad de Guatemala, fuimos a dicha institución con el afán de llevar arroz, frijol, azúcar, entre otras cosas,  que logramos reunir con las alumnas de sexto magisterio, a quienes yo impartía Teatro Infantil. Llevamos a escena una obra teatral y los educandos, para poder ver dicho espectáculo, debían llevar lo que quisieran. En fin, reunimos una buena cantidad de víveres. Como yo sabía que en “Cabecitas de algodón” estaba el autor de “La patria que yo ansío”, le sugerí a la profesora de idioma español rendirle un sencillo homenaje, y así lo hicimos. En el patio, frente a él, alumnos y profesores, leímos su biografía y algunos de sus textos poéticos, y pude descubrir dos lágrimas que tímidamente caían de sus ojos tristes. Me conmoví. Sentí que el alma se me desmoronada y desde ese día me cuestioné de porqué la sociedad, porqué los guatemaltecos le pagamos mal a los que han dado lo mejor de sí a nuestra Guatemaya.

 

El, agradecido, me dio una dádiva de valor excepcional, que atesoro en mi biblioteca: se trata de su libro “Selección poética” (Guatemala, SERVIPRENSA, 2005)

 Era evidente que don Julio Fausto ya llevaba sobre sus hombros tantos siglos de vida,  tantos recuerdos dulceamargos, tantas penas, tantas alegrías, tantos pasos…

 

Aproveché, cuando nos quedamos solos, a preguntarle sobre Miguel Ángel Asturias, Tito Monterroso y Luis Cardoza y Aragón y él, como si me transportara al pasado,  lo hizo, con indudable regocijo y congoja.

“A veces no me gusta recordar mi pasado, porque me invade la alegría y la melancolía”, me expresó con su voz casi imperceptible.

 

¿No creen que el Estado puede hacer algo por él y los demás, si es que no lo ha hecho? ¿Y la comunidad de escritores? ¿Y las demás instituciones culturales? ¿Y el Ministerio de Cultura…? ¿Y nosotros…?

 

Don Julio Fausto Aguilera nació en 1928. Uno de los fundadores del grupo literario Nuevo Signo. Considerado entre los mejores poetas de las últimas generaciones. Ha publicado Canto y mensaje (1960); Diez poemas fieles (1964); Poemas amantes, Mi buena amiga muerte y otros poemas vivos (1965); Poemas fidedignos (1967); poemas guatemaltecos (1969); Treinta poemas cortos (1974); Antigua como la muerte (1975); La patria que yo ansío, La patria es una casa (antología, 1983), premiada como la mejor obra del  año por la APG; se llamaba y se  llama revolución de octubre (1994). Asimismo, Sones a Guatemala y otros poemas y Poemas a Dios. Emeritíssimum  por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

 

¡Ya basta de pagarle con desprecio a los que han bendecido a Guatemala!

 

Elder Exvedi Morales Mérida

Santa Ana Huista, Huehuetenango.

huistablogcindario.com


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Publicado por hameh0017 @ 19:21
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