Martes, 06 de julio de 2010

Seg?n la tradici?n oral, este es uno de los tantos casos que en el pueblo despertaron opiniones variadas.

En las p?ginas de la memoria santaneca se puede leer la siguiente leyenda:

?La mujer del campesino era celosa y por el temor a perderlo, inici? a practicar la brujer?a. Para conocer los pasos en que su esposo andaba, se convert?a en una enorme cerda negra. Se internaba entre los matorrales con tal de que ?l no la descubriera. Por todas partes lo segu?a.

Falsos testimonios aseveraban? que ?l ten?a, no s?lo una amante, sino varias, pero el campesino le era fiel.

Una noche? decidi? ir a visitar a su madre, la cual viv?a en un ranchito que se hac?a ver desde su vivienda. La anciana estaba sufriendo quebrantos de salud.? Cuenta la leyenda que la esposa de ?ste? sospech? que a ver a alguna de sus amantes iba. Invent? pretextos para que no fuera, y ?l se neg?. Su madre lo necesitaba. Al ver que sus s?plicas no fueron correspondidas, esper? a que se marchara,? para convertirse en la? cerda.

El hombre caminaba ese camino ya finado, alumbrado por un manojo de ocote, cuando de repente, frente a sus ojos aterrados, una cerda negra le obstaculiz? el paso. Inmediatamente crey? que era el mismo Satan?s, porque los ojos del animal brillaban m?s que las estrellas, y amenazaba con? atacarlo. Sac? su machete bien afilado y mat? al animal. Viendo que la cerda? no se hab?a defendido, se ri? creyendo que se hab?a equivocado al pensar que era el mismo demonio.

Arrastr? el cuerpo del animal y lo dej? a un lado del camino, y? pens?: Cuando regrese de ver a mi nana, me llevar? esta cocha y preguntar? qui?n es el due?o, para pag?rsela.

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Fue a ver a su madre y? cuando las estrellas ya titilaban en el cielo embelesador de Santa Ana Huista, regres? con la idea de pasar recogiendo el cuerpo de la cerda.

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Fue grande su sorpresa al ver que aquella cerda que se le apareci? en el camino? no era m?s que su esposa, pues en vez del cad?ver del animal, estaba el cad?ver de ella, destrozado por completo.

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FUENTE: LEYENDAS DE SANTA ANA HUISTA. Morales M?rida, Elder Exvedi


Publicado por hameh0017 @ 15:49
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Lunes, 05 de julio de 2010

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LAS LUCIERNAGAS

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La tradici?n oral? santaneca cuenta que hace mucho tiempo, unos ni?os que por las noches sal?an a recorrer las callejuelas de este pueblo,? se encontraron? con un viejecito extra?o.

-?Qu? hacen solos y tan tarde?-pregunt? el anciano de mirada dulce.

-Nada, solo jugamos-, respondi? uno.

Y Juan, el m?s so?ador de todos, fue quien tom? la palabra:

?Nosotros somos muy so?adores y en vano hemos buscado la forma de convertirnos en luci?rnagas?.

Y en ese preciso momento, los ni?os se convirtieron? en lo que tanto anhelaron, y las callejuelas silentes y oscuras del pueblo fueron iluminadas por unas extra?as luci?rnagas.

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EL RIO HUISTA

Hace muchos siglos, cuando viv?an los huistlokes, los primeros en poblar el valle esplendoroso donde la cabecera municipal de Santa Ana Huista se yergue orgullosa, ocurri? un hecho ins?lito.

Una doncella fue raptada.

Cuando el padre y rey de los huistlokes, y el pueblo en general se enteraron de lo sucedido, la buscaron? sin ?xito.

Cuentan que los secuestradores la llevaban con destino a Kaminaljuy?, pero que en Todos Santos Cuchumat?n, ella logr? escapar.

Perdida durante d?as en los bosques de los Cuchumatanes, ella no hac?a m?s que llorar.

Cuentan que de sus abundantes l?grimas naci? el r?o Huista, y que ya jam?s se supo m?s de ella.

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EL CERRO DE MAMPIL

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?Maldito ser?s y muy pronto morir?s. Te convertir?s en polvo y eternamente permanecer?s como un cerro?, le grit? enfurecida la m?sica a la flauta que se negaba a prodigar sus melod?as de turpial.

Desde ese entonces, un cerro m?s germin? en Santa Ana Huista, y es el cerro? de Mampil, donde anta?o, en su meseta,? habit? una civilizaci?n, cuyas huellas a?n son evidentes.

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LOS PECES

-En mis aguas ya no hay peces-, se quej? el r?o Huista. Y el frondoso ?rbol que danzaba al comp?s del viento, fingi? no escuchar los lamentos del di?fano r?o que nace en La Ventosa, Todos Santos Cuchumat?n.

Y el r?o sigui? desgranando sus congojas: ?Que agradable era ver y sentir a los peces en mis aguas?.

Y el ?rbol, conmovido al fin, habl?: ?Si en mis manos estuviera darle soluci?n a tus problemas, lo har?a? sin pensarlo dos veces?.

Y entonces, el viento sacudi? con mucho ?mpetu al ?rbol, y las hojas que cayeron en el r?o Huista, se convirtieron en radiantes peces.

NOTA DEL AUTOR: Los pocos mitos de Santa Ana Huista que aqu? recreo, me los narr? dos Alejandro Lemus, ex tesorero municipal de este municipio.

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FUENTE: MITOS SANTANECOS. Morales M?rida, Elder Exvedi. (1995)


Publicado por hameh0017 @ 9:48
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