Jueves, 23 de diciembre de 2010

La? palabra Navidad no se encuentra en la Biblia. ?Cu?ndo, entonces, naci? Jesucristo?

Existen irrefutables pruebas b?blicas que fue en la segunda quincena de octubre y no el 25 de diciembre.

Sin embargo, el nacimiento de Jes?s se ha celebrado en diferentes fechas.

Antes del siglo V no hab?a un acuerdo general en cuanto a cu?ndo caer?a en el calendario, ya fuese el 6 de enero, el 25 de marzo o el 25 de diciembre.

Empero, en el a?o? 354 D.C. el obispo Liberio de Roma??? orden? a la gente que celebraran el 25 de diciembre como el d?a? del nacimiento de Jes?s. Escogi? esta fecha porque la gente en Roma ya la observaba como la fiesta de Saturno, en la celebraci?n? del cumplea?os del Sol.??


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S?bado, 11 de diciembre de 2010

Un 11 de diciembre, solo que de 1935, el municipio de Santa Ana Huista se suprimi? por acuerdo gubernativo, fecha en que el Gobierno del General Jorge Ubico Casta?eda lo incorpor? como aldea de San Antonio Huista.Su autonom?a la logr? hasta el 17 de noviembre de 1950, cuando gobernaba el eximio guatemalteco, doctor Juan Jos? Ar?valo Bermejo. Los l?deres que lucharon por el desanexo, viven olvidados. L?stima que este pueblo sea ap?tico e indiferente. Y desmemoriado. Cada 17 de noviembre debe celebrarse con fervor.


Publicado por hameh0017 @ 11:26
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Viernes, 10 de diciembre de 2010

IVEL PROFE ESCRITOREl profe ya era conocido como escritor, y hasta los m?s incautos e inocentes pregonaban que pronto se le conceder?a el Premio Nobel de Literatura. Hasta se lleg? a decir que la Academia Sueca ya hab?a tenido cierto acercamiento con su persona.?Sus obras reto?an de su utop?a, son una mezcla de la realidad y de lo imaginado, y una llave que abre las puertas del subconsciente del autor?, escribi? en el pr?logo un extranjero, cuando el profe public? su libro titulado ?Yo, el revolucionario?.Otro, cr?tico de arte, escribi? en un peri?dico nacional: ?Pone al descubierto las miserias que por centurias ha padecido el hombre del campo, el hombre que trabaja de sol a sol??Portavoz elocuente y valeroso a favor de los valores universales.Brind?, sin reservas, lo m?s se?ero de su talento.Escritor consumado.Incluso, nosotros, los alumnos, declam?bamos poes?a, producto de su ?gil y valerosa pluma.He aqu?, uno de los tantos versos que declam?:Que mis hermanos,los campesinos,rompan la oscuridad;que rasguen el silencio.Que se levanten,que despierten,alcen su vozy lleven,cual ofrenda sagrada,su manojo de clavelesal almade la dignidad.Por la libertad consagr? su pluma, su docencia y parte de su vida.Y por ello, lo pag? caro. No en vano lo llamaban ?comunista? por el simple hecho de exigir mejores condiciones de vida.Hasta dec?an ?las malas lenguas? que ?l era miembro de la columna guerrillera ?Frente Ernesto Guevara?, que operaba en la regi?n.Y se dijo muchas cosas m?s de ?l, el d?a cuando, en p?blico dijo a todo pulm?n: ?Amo a los campesinos que se rompen las espaldas sembrando ma?z y frijol para obtener cosechas de poco monto?.Y siempre hablaba de las paup?rrimas condiciones en que viven los campesino y de los que se enriquecen con el sudor del arduo trabajo.Definitivamente, los aludidos aplaud?an con insondable excitaci?n esas alocuciones. Su esp?ritu de lucha lo hac?a sobresalir de los dem?s. No era del mont?n.Daba lo mejor de s? mismo.VSiempre neg? tener nexos con la guerrilla. Mucho menos dijo ser un miembro de ella, cuando la ideolog?a marxista leninista la hizo suya, cuando esa doctrina lo atrap? tan f?cilmente. Y muy tarde lo entendimos. Ni modo.Pero bueno, d?mosle la escena al profe. Cuando llegaba el tiempo de las elecciones, ?l aconsejaba a los aldeanos no caer en las garras de los pol?ticos. Pero siempre ca?an. Por una l?mina, por una playera, por un refresco, por una pelota ?, sencillamente, por falsas promesas, la gente daba su voto. Lo mismo que sucede hoy d?a.Se?alaba col?rico que los generales Kjell Eugenio Laugerud Garc?a, Fernando Lucas Garc?a y el huehueteco Efra?n R?os Montt, eran bestias apocal?pticas. Entonces la gente, cat?lica, apost?lica y romana, rezaba sin cesar.Cuando a mediados de julio de 1982 se form? la patrulla civil, fue el primero en protestar, argumentando que se organizar?an pero para hacer obras de beneficio comunal, como era la costumbre ancestral. El oficial militar, indudablemente irascible, orden? que los patrulleros buscaran a los guerrilleros y les dar?an muerte. Ni?os de trece a catorce a?os, hasta ancianos de setenta a?os, pasaron a formar parte de la patrulla civil, como sucedi? en muchas partes del pa?s. Como sucedi? en Santa Ana Huista.Y el profe tambi?n tuvo que patrullar. (No olvido que los patrulleros ten?an la obligaci?n, aparte de patrullar, de izar la bandera a las seis de la ma?ana y arriarla a las seis de la tarde, todos los d?as. Y ten?an que cantar a todo pulm?n el himno del patrullero)El 9 de septiembre de 1982, el ej?rcito entr? a la comunidad.Ah? comenz? todo.Antes de lo sucedido, o sea, la noche del 8 de septiembre, tuve muchas pesadillas y cant? el b?ho: hik?rix?a, hik?rix?a, hik?rix?a.Los patrulleros que hab?an sido entrenados para capturar y matar a cualquier gente extra?a, los confundieron y les dispararon, debido a que los soldados iban vestidos con uniformes verde olivo, parecidos a los que usaba la guerrilla.Los militares respondieron y mataros a muchos aldeanos, y entonces dijeron ?aqu? hay tanatal de guerrilleros?.Cuando esto ocurri?, nosotros est?bamos en la clase. El profe, que era de la cabecera municipal, que dista unos 12 kil?metros, estaba con nosotros trabajando. Eran los grados superiores.Est?bamos en quinto grado, y ensay?bamos los actos c?vicos para la celebraci?n de la supuesta Independencia, cuando don Lolo, el jefe de la patrulla civil lleg?, y sacando fuerzas de flaqueza, grit?: ?Vienen los del monte, esc?ndanse?.Inmediatamente se escuch? el ta?er de la campanita de la capilla, pregonando peligro.El p?nico cundi?. El horror se hab?a apoderado de todos. Y todos corr?an presurosos, como si hubiera llegado el tan temido fin del mundo.Al principio, yo no pod?a medir en su real magnitud todo eso. Y deb? haberlo hecho cuando la violencia comenzaba a asomar a nuestro alrededor. Yo no sal?a de mi estupor de lo que estaba pasando. A lo lejos hab?a escuchado de lo que sucedi? all? en Panz?s el 29 de mayo de 1978, donde murieron alrededor de 60 personas, y que en el r?o Polochic recuperaron 25 cad?veres. Y de las comunidades cercanas que se convirtieron en cenizas y en cementerios.Pero el terror sembrado por el estado guatemalteco a trav?s del Ej?rcito, ya estaba frente a nuestras narices.El profe sali? a la puerta a observar lo que pasaba. Yo que intent? hacer lo mismo, recib? tremenda reprimenda de su parte. El eco estridente de la campana de bronce de la capilla cat?lica, segu?a atorment?ndonos e invadi?ndonos de nauseabundos pensamientos. Eran las once de la ma?ana cuando son? el primer disparo. Luego crepitaron r?fagas de ametralladoras. Todos llor?bamos y clam?bamos a Dios. En el aula, todos nos tiramos al suelo, siguiendo las instrucciones del profe, que temblaba incontrolablemente.?Ya se vino todo?, le escuch? decir. Las granadas rug?an. Las ametralladoras mug?an. La l?mina de zinc del techo de la escuela amenazaba con desplomarse. Chepe, Lito y Fito, los m?s fastidiosotes de la clase, lloraban, por lo que el profe orden? de nuevo callarnos.Los fusiles y ametralladoras segu?an gru?endo. Y de vez en cuando se escuchaba la voz del l?der cat?lico, devoto del fallecido arzobispo Rossell Arellano: ?D?mosle riata a esos malditos comunistas?, vociferaba, creyendo err?neamente que el enfrentamiento era entre ej?rcito y guerrilla.A veces el profe se levantaba y agudizaba la vista para tratar de ver algo y volv?a a tirarse al suelo. Yo rezaba. Los dem?s rezaban. Todos rez?bamos. De pronto, el susto nos invadi? m?s cuando escuchamos unos pasos en el corredor, en direcci?n a nosotros. ?Ya nos carg? puta?, musit? el soez de Chepe. Entonces oramos con mayor fervor. Era la mam? de Nelo, un compa?ero de clase. Quer?a saber c?mo estaba. ?C?mo est? mi g?iro profe? Inquiri? lloriqueando. El profe le respondi? que estaba bien y que volviera a su escondite. Ella obedeci?, porque el profe era respetado, quiz? por esos atributos que tanto admir?bamos en ?l; me refiero a su sensibilidad social y un profundo sentido del deber. Y esa sensibilidad social se convirti? en racionalidad?Los dem?s alumnos de la escuela hab?an salido antes, de manera que no fue tanto el susto.A la una de la tarde, m?s ? menos, los repiques de la misma campana nos aterraron a?n m?s. El profe volvi? a ver por el ojo de la llave y nos dijo: Un hombre con uniforme verde olivo trae amarrados a doce patrulleros, mientras otros dos, tambi?n vestidos de verde olivo, les apuntan con sus galiles, esas armas de fabricaci?n israel?.La irritante campana segu?a llam?ndonos, pero nadie se acercaba, por lo que el patrullero que la tocaba hinch? sus pulmones y nos orden? que nos acerc?ramos sin temor alguno. La lluvia de balas hab?a cesado y el profe nos indic? levantarnos. ?Y si nos joden profe? Pregunt? Lito. El profe, esbozado una sonrisa amarga, les respondi? con gestos ins?litos. Abriendo la puerta estaba cuando una se?ora, llorando, se le acerc? y le suplic?: ?Le ruego pida que suelten a mi marido?. ?Ver? que hago?, respondi?. Es preciso aclarar que en las aldeas y caser?os, los profesores gozan de autoridad: es m?dico, juez, t?cnico en deportes, etc.Como el profe accedi?, se arm? de valor y se acerc? a los tipos. Salud? y se identific? como uno de los profesores de la aldea. En ese momento, los dem?s ni?os se fueron a sus casas y yo me qued? observando todas esas escenas dolorosas que a doquiera voy, me persiguen. Y me preocup? por el profe, porque las malas lenguas dec?an que ?l ten?a algo que ver con la guerrilla. Y como era una persona que le gustaba expresarse libremente en poes?a de resistencia, lo acusaban de ser uno de los entrenadores intelectuales de la guerrilla. Bien dice la gente ?de un le?azo se libra uno, mas no de un leng?etazo?. Pues bien, el profe se present?, y un soldado malencarado respondi? en mal castellano. Era ind?gena como el profe. ?Mire proje, no se me ponga al brinco porque estos hijueputas son guerrillerazos, y nos rempujaron bala?. El profe les explic?: ?Estos que ustedes tienen amarrados, son patrulleros civiles y cayeron en un error, pues el uniforme que ustedes visten, est?n m?s familiarizados con el uniforme pinto?. (Por eso la gente, al referirse al ej?rcito, dec?an ?pintos?).El soldado respondi? con su silencio.Llegaron otros soldados que tambi?n tra?an amarados a otros aldeanos. Los reos le suplicaban al profe interviniera por ellos.Ya para ese momento, la gente fue agolp?ndose poco a poco, como cuando se descubre un cad?ver.Ese d?a aciago muri? un ni?o de 14 a?os que integraba la patrulla civil. Se hab?a inscrito al sexto grado de primaria, pero se ausent?, ya que ten?a que ayudar a sus pap?s en el trabajo rudo del campo. La mam? del fallecido se lo cont? al profe, con sus ojos llenos de l?grimas y su coraz?n destrozado. Era el primer muerto despu?s del ataque a?n no esclarecido contra la patrulla. En cuatro horas de combate sanguinario, los kaibiles hab?an vaciado sus tolvas, dejando un saldo fatal. Do?a Tencha se le acerc? y le dijo que ten?an amarrados a muchos hombres m?s y, al parecer, los iban a fusilar. El profe prometi? hacer lo que estuviera a su alcance y se acerc? al sargento, un ind?gena moreno, quien pintaba algunas canas ya, quien, como es de suponer, tambi?n cumpl?a ciegamente las ?rdenes de sus superiores. Le solicit? permiso y despu?s de tanto, accedi?. Un soldado lo acompa??. Cuando lleg?, uno de los esbirros criminales sali? a su encuentro queri?ndole golpear con la culata de su arma, pero no lo logr?. Pregunt? por el comandante. Ya frente a este, salud?: ?Buenas tardes mi teniente?.El saludo no recibi? respuesta, solo se limit? a escudri?arlo de pies a cabeza, como si observara una piltrafa humana.El teniente era gordo, chaparro y de tez morena.Al fin, despu?s de desnudarlo con la mirada, rompi? el silencio: ?Qu? quer?s vos?Le explic? que era el profesor de la aldea y que hab?a habido una terrible equivocaci?n: por descuido, los patrulleros les confundieron con guerrilleros. -Estos hijos de cien putas son guerrilleros y no me veng?s con mierdas vos- le grit?.El profe suplic? desesperado, pero sus s?lidos argumentos no surtieron ning?n efecto positivo. El profe sigui? llorando interiormente.Los soldados saquearon todas las humildes viviendas, como si fuesen viles ladrones.Hubo mucha humillaci?n. Pero el caso del ancianito que iba descalzo nos conmovi? m?s. Lo vituperaron. De un pu?etazo le aflojaron los ?ltimos dientes que le quedaban. A todos los reos los llevaron amarrados, como animales al matadero.El profe iba atr?s. Llegaron al campo de b?squetbol, frente a la escuela.Un gran n?mero de patrulleros estaban amarrados a los postes de roble que sosten?an los tableros de la cancha.Consult? mi reloj: eran las dos y media de la tarde.Hab?a muchos muertos, pero nadie se atrev?a ir a levantarlos.Mucho tiempo despu?s, supe que el compa?ero que muri? y que estuvo con nosotros durante los primeros meses del a?o, hab?a ido a traer le?a al cerro, y cuando escuch? la nutrida balacera, fue a buscar a su pap?; y ah? recibi? un balazo, que le ceg? la vida. VLA LISTAYa reunidos todos frente a la escuela y capilla, el comandante orden? que las mujeres y los ni?os entraran a la iglesia. Orden?, adem?s, que los hombres se formaran en sus respectivos pelotones y con las c?dulas y las tarjetas de patrulleros en las manos.La situaci?n de torn? m?s dram?tica cuando el comandante sac? de sus bolsillos una lista que desdobl?. Era la lista negra, la maldita lista negra o m?s maldito quien la elabor?. Fueron pasando los primeros patrulleros mostrando sus c?dulas, mientras el teniente revisaba los nombres en su terrible lista. Todos temblaban porque sab?an que cualquiera pod?a condenar a muerte a cualquier persona, por envidia o rencillas personales. O sencillamente por no caer bien. La calumnia floreci?. Era m?s f?cil salvarse de un le?azo que de un leng?etazo. Muchos supieron aprovechar aquellos a?os de violencia incontrolada para ajustar cuentas pendientes. Bastaba con denunciarlo o levantar falso testimonio en su contra, ante el destacamento para maldecirlo, como le sucedi? al profe.Cay? el primero. Hab?an pasado unos diez minutos cuando el p?nico cundi?. Amarraron al joven a uno de los postes del tablero de b?squetbol y le dieron fuertes pu?etazos en la cara y el abdomen. Eran ya cinco los capturados y el oficial se irrit? m?s cuando comprob? que no aparec?an los veinticinco de la lista, principalmente un ex kaibil reci?n salido del cuartel.-Ese hijo de cien putas que entrena a estos guerrilleros falta- grit?. Habr?an pasado pocos minutos cuando apareci? el aludido, quien todav?a usaba el mismo corte de pelo, casi rapado, como el que se usa en un cuartel. El comandante le orden? acercarse con palabras soeces, y al comprobar que efectivamente era ?l, dijo: -Ya ca?ste hijuputa.El comandante y dos soldados m?s le propinaron tremenda paliza. Patadas a los test?culos y culatazos a la cara. Le amarraron fuertemente las manos por detr?s.A las tres y cuarto de la tarde detuvieron a otro muchacho menor de edad, pues parec?a en la lista.A un patojo alto, lo torturaron adentro de la escuela para sacarle informaci?n. Al rato, del interior de la escuela se escucharon alaridos, gritos terribles, como lo hac?a Jorge Ubico y sus esbirros con sus adversarios pol?ticos, entre ellos, a mi paisano Efra?n de los R?os, en la temible penitenciaria. Nadie imaginaba quiz?s, que lo peor estaba por venir.Aparecieron el sargento y un soldado. El primero le entreg? un trozo de papel al comandante.-Ya habl?-, dijo, con una sonrisa jactanciosa. Entonces, el comandante, m?s enfurecido a?n, se volte? hacia el profe:-?Ust? es el profe tal verd??-S?, mi comandante, respondi? el profe, profundamente asustado.El comandante dijo algo que no logr? escuchar, y el sargento y un soldado lo condujeron al mismo lugar donde hac?a alg?n rato hab?an llevado al joven para torturarlo.La desesperanza creci?. Todos nos quedamos de una pieza. Ya en la clase, el profe se atemoriz? m?s al ver al pobre joven tirado boca abajo sobre el piso, en un charco de sangre. Era terrible la escena dantesca.Dentro del aula, seis soldados le apuntaban con sus galiles.-?De qu? se me acusa? Yo soy inocente-, os? decir.-Inocente ser? vos cerote guerrillero.Seguramente el sargento le orden? al joven que yac?a torturado confesara.El joven dijo que en cierta ocasi?n llegaron unos hombres y que la voz de uno de ellos era id?ntica a la de ?l. -Ese d?a que llegaron los mierdas de guerrilleros a la casa a amenazarme, o? tu voz-, dijo.A?n hablaba el torturado, cuando un soldado le propin? un certero culatazo al abdomen. Le propinaron sendos pu?etazos al pecho, al rostro y al abdomen. Le obsequiaron un puntapi?, un pu?etazo y un culatazo de galil en el abdomen. Por m?s que el profe esgrimi? los m?s inteligentes argumentos, fracas? en su intento de salvarse. Me sent? profundamente deprimido, no digamos el profe.-Callate la jeta, vos sos guerrillero-, dijo de nuevo el atormentado. El sargento les propinaba golpes a diestra y siniestra. Aquellos actos bestiales dejaron huellas perennes en mi esp?ritu. Los sacaron.Las mujeres y ni?os lloraban desconsoladamente dentro de la capilla, pero el bullicio se aviv? m?s cuando el comandante maniobr? su galil, tirando r?fagas al aire.El profe parec?a marranito, pues ten?a un lazo apretando su cuello. Fue muy humillante verlo parado a media cancha de b?squetbol, como un delincuente despiadado. Daba l?stima. C?lera. Recuerdo que nos hab?a contado entre l?grimas que su hermano menor hab?a sido muerto con r?fagas de ametralladoras en su pueblo por los soldados. Y luego pensamos que esa misma suerte correr?a ?l.VIEL HELICOPTEROEl ruido de un helic?ptero, como el que describo en el primer cap?tulo, lleg?. Intent? aterrizar en la cancha de b?squetbol. Mientras descend?a, se levant? un remolino y el temor era mayor, pero no logr? su cometido debido a lo reducido, por lo que lo hizo en el campo de futbol. Se les orden? al profe y al ex kaibil abordar el aparato. Los dos oficiales que ven?an dentro, los recibieron con sandeces. Antes subieron a un soldado herido. Pero sucedi? algo extra?o: los bajaron a culatazos y los regresaron a la cancha de b?squetbol. Los ni?os, alumnos del profe, no entend?amos nada. Solamente sab?amos que todo eso era una salvajada.El profe apenas se sosten?a en pie, en cambio el ex kaibil se manten?a tan fuerte como un roble. Como ganado al matadero el profe y el ex kaibil. Cuando iba caminando cuesta arriba hacia el centro de la aldea, me mir? con el silencio en la boca. La tarde ca?a tan triste, tan terriblemente triste.Eran las cuatro de la tarde, seg?n mi reloj. VIIEL FUSILAMIENTODe nuevo en el mismo patio, con el lazo con nudo corredizo en su cuello, como si fuera un delincuente. Su dignidad yac?a por los suelos.En esa ?poca gobernaba el pastor evang?lico y general Efra?n R?os Montt.Esa tarde triste, fusilaron a seis, entre ellos, a dos, que hab?an ido a traer ma?z a sus milpas; iban llegando con sus burros cargados cuando los capturaron: sus nombres aparec?an en aquella lista negra. -Van a ver que le pasa a todo aquel hijueputa guerrillero-, dijo gritando el comandante. Y dio la orden: ?Aaapunten?! ?Fuego! Los galiles crepitaron con furia atronadora. Y el griter?o y llanto ensordecedor estremec?a a todos. Una se?ora se lanz? sobre el cad?ver de su hijo. Lo mismo hizo una anciana, pero fueron salvajemente repelidos a culatazos. Emborrachas de dolor se lanzaron al suelo y lloraron. Y lloramos. Y a?n lloramos. Cuando soltaron r?fagas a mansalva, yo record? las masacres de que nos habl? el profe en la clase de sociales y me sent? viejo a mis 12 a?os?Sangre por la boca y por la nariz. Por todas partes sangre. Vomitaban grandes bocanadas de sangre. Sangre. Sangre. Mucha sangre. Harta sangre. Como recuerdo al ex kaibil con su mirada de piedra, fr?a y desalmada.Mir? mi reloj: eran las cinco de la tarde.Yo me preguntaba si el profe era en verdad lo que dec?an o por que lo acusaban, pues siempre nos hablaba de que los del ?monte? aqu?, que los del ?monte? all?Recuerdo que despu?s del 30 de agosto de 1982, cuando asesinaron a dos aldeanos, el profe nos dijo que los soldados eran sanguinarios, y lo est?bamos viviendo en carne propia. Ah? estaba el profe, mordi?ndose los labios. Con frecuencia susurraba una oraci?n: lo pod?a leer en sus labios resecos.-Pedazo de mierda, chill?n-, le grit? un soldado con su escaso espa?ol al descubrirlo. Y agreg? con tono burlesco: Extra?o, ?pero si ustedes los comunistas no creen en Dios? Estoy seguro que todos esper?bamos el momento en que el profe ser?a asesinado frente a nuestras narices. Y llor?bamos interiormente.Lo miraban desde?osamente como un criminal, menos nosotros, los que le conoc?amos. A pesar de la jornada tan aterradoramente triste, ah? continuaba yo de pie, casi estupefacto, viendo c?mo todos los aldeanos sufr?an y la humillaci?n de que era objeto mi profesor que tanto admiraba. Ah? estaba yo ante el Apocalipsis tan profetizado. Por momentos sent?a que alguien se iba a acercar al profe y le iba a asestar un certero garrotazo. Me lo imaginaba retorci?ndose por el dolor y escuchando un horrible hervor de sangre en su pecho. Me lo imaginaba tirado en un charco de sangre, como el animal inmolado. Imaginaba su cara completamente desfigurada, su cuerpo molido a golpes. Imaginaba la sangre fluir a borbotones de su humanidad. Tantas cosas terribles que imaginaba.No miento que el remordimiento comenz? a punzarme la conciencia, pues un d?a lo saqu? de sus casillas cuando le dije que tanto guerrilleros y soldados eran lo mismo. El se molest? mucho y me dijo: Dentro de unos a?os te dar?s cuenta que est?s equivocado. Pero no le cre?.A?n estaba sumido en profundas cavilaciones cuando lleg? otro grupo de soldados, procedentes del pueblo del profe. Como le dijeron que se lo llevar?an de regreso, me acerqu? sigilosamente a ?l, y con la mirada triste y cabizbaja, me dijo: Te encargo mi morral que ten?a preparado para ir de visita a mi casa. Y ya un poco sereno, me interrog?: ?Ya vez que los soldados son muy malos? Yo guard? silencio, como lo hago a veces cuando me dicen que una flor solamente sirve para espinar?Era un ni?o apenas para asimilar todo lo que suced?a, pensar?n muchos. Y tienen un poco de raz?n. Y de ?ltimo me dijo: Como me van a llevar al destacamento de mi pueblo, es posible que mi familia y algunos amigos intercedan por m?. Cuidate. Mastic? y trag? un poco de silencio, y me dijo por ?ltima vez: si ya no nos volvemos a ver, te deseo lo mejor.Pens? que esa ser?a la ?ltima vez que lo ver?a. Ninguno de nosotros durmi? aquella noche.Algunos nos acostamos pero no pudimos pegar los ojos.Est?bamos sumidos en un inescudri?able desasosiego. Ni los perros ladraban durante aquella negr?sima noche. Mientras los m?s afectados velaban a sus muertos, yo pensaba: en cuanto se desataron en la regi?n los primeros atisbos de violencia, debi? irse el profe al exilio. Se hubiera ahorrado tanto dolor y vituperio. La muerte, la tristeza y la desolaci?n rondaban cuales jinetes de Apocalipsis.La dantesca magnitud de lo ocurrido a?n me atormenta.Clam?bamos a Dios y Dios no nos escuch?. Definitivamente fue una experiencia muy amarga.VIIICAMINO AL PUEBLOEn realidad, todo lo que me toc? ver y vivir en esa aldea, fueron tan turbadoras que a?n siento tan frescas esas escenas macabras. Pues bien, los soldados se lo llevaron amarrado al destacamento de su pueblo.El cielo se hab?a obscurecido y comenz? a caer una llovizna pertinaz.El se fue y yo me qued? en aquella aldea en ruinas, casi convertida en cenizas. Aquellas casas humildes de paja y rodeadas de corrales de piedras, de chichicaste y de ?rboles frutales, eran casi recuerdo. Se fue el profe, quiz?s para jam?s volvernos a ver, y la nostalgia continu? mordi?ndome las entra?as. Repito: esa noche no dorm?. Nadie durmi?. Tampoco los muertos durmieron.Estuve toda la noche en vela, repasando todo, pensando en muchas cosas.Y me olvid? de m?.Estaba muy seguro que a medio camino le iban a vaciar las tolvas sobre su entumecido cuerpo, y se iba a resucitar la ?Ley Fuga?, como si estuvi?ramos en la negra ?poca del demente Jorge Ubico.Dios m?o, peor si las r?fagas de ametralladoras y las granadas lo hacen pedazos.No, eso no pod?a suceder. Estaba muy mal emocionalmente y cualquier escena infernal se apoderaba de mi esp?ritu enredado en un sombr?o laberinto.Pero el profe no osar?a huir, porque sab?a perfectamente que los soldados no vacilar?an en dispararle a mansalva. No miento que yo deseaba fervientemente que la guerrilla los atacara sorpresivamente y rescatara al profe. Pero de ser as?, se confirmar?a que era verdaderamente guerrillero, como lo acusaban.Pobre profe, parec?a un escupitajo en el lodo. Fue conducido al matadero como un inocente corderito. Al d?a siguiente, como a las nueve, supe que hab?a sido tratado muy mal en el destacamento, como era de esperarse. Pobre profe, parec?a piltrafa humana, mendigo, harapiento y sucio.-Ust? es guerrillero y ya se lo llev? la gran puta-, le dijo un soldado ind?gena, y ?l se puso de pie como impulsado por un resorte y, respir? apesadumbrado. Y llor? de nuevo. Le propinaron pu?etazos al pecho, al rostro y al abdomen, le dieron un puntapi? y un culatazo, nos dijo Carmelo, un estudiante de medicina que hab?a llegado de la capital.Nos enteramos que lo tiraron a una fosa a las dos de la ma?ana, y que los desgarradores gritos y los alaridos espeluznantes aterraron a las personas que viv?an cerca.El horror lo invadi? cuando el coronel D?az, parado en el umbral de la puerta, y apoyado en la pared, lo observaba fijamente; visiblemente enojado.-Ma?ana veremos en qu? para usted-, le dijo, y se march?.Algunos soldados lo trataron bien, de manera que quedaba en cierta forma desvanecida la err?nea idea que todos eran m?quinas para matar. El s?bado 10 de septiembre de 1982, su esposa y sus tres ni?os lo esperaban afuera. Eso le dijo un soldado, pero al ver que no sal?a, se fueron a rezar a la iglesia.Poco tiempo despu?s que su familia se march?, lo dejaron libre.La gente que lo vio salir del destacamento militar, sintieron l?stima por ?l, que anta?o vest?a bien, y ahora iba con la ropa sucia, empapada de sangre y lodo. Y con la dignidad humillada.Eran las diez y media de la ma?ana del s?bado 10 de septiembre de 1982, cuando el Doctor Juan Jos? Ar?valo Bermejo, el mejor presidente que ha tenido Guatemala, estaba de manteles largos. Honor a su memoria.Pobre el profe, los ni?os, al verlo, en esas fachas, se aterrorizaban y soltaban el llanto. Cuando lleg? a su casa, rompi? a llorar en medio de la soledad m?s abismal. Su esposa e hijos segu?an rezando en la iglesia. Algunos vecinos llegaron a visitarle con cautela, ya que la ?poca era tenebrosa.Cuando su esposa y sus hijos llegaron, la alegr?a reto?? en su interior.Se abrazaron. Lloraron. Lloraron.Todos los d?as deb?a reportarse al destacamento militar, seg?n las ?rdenes del oficial. En la aldea, algunas viejas chismosas que se jactaban de ser cristianas y tener ganado el cielo, la vida eterna y no s? cu?ntos galardones, repet?an hasta la bastedad que el profe era guerrillero, y que por eso nos hablaba del Che, as? como de Jacobo ?rbenz Guzm?n, de Otto Ren? Castillo y de Roque Dalton; y que estaba comprometido con la guerrilla. ?Subversivo el profe? C?mo iba a hacer, pecado pensarlo. IXEL REENCUENTROEl lunes 12 de septiembre, est?bamos en la escuela esper?ndole con ansia, pues sab?amos que le hab?an dado libertad. Grande fue nuestra sorpresa cuando lo divisamos. Eran las siete y media. El reencuentro fue algo muy, pero muy especial.El jueves 15 de septiembre celebramos la supuesta independencia patria, pues sabemos que la ocurrida en 1821 fue un proyecto pol?tico de un sector poderoso para no perder el control de la regi?n centroamericana. Hubo actos c?vicos, cantos, m?sica de marimba, poes?a y mucha cusha. Eso s?, mucha cusha. O guaro, que es lo mismo. Despu?s de culminados los actividades c?vicas del 15, regres? al pueblo.Esa tarde fue a presentarse al destacamento, pero le dijeron que volviera al siguiente d?a. Era, pues, obligatorio reportarse todos los d?as. El s?bado 17, volvi? a presentarse. Le tendieron una trampa, pero no cay?.XXAL EXILIOEn octubre de 1982 se dio cuenta que la vida estaba muy dif?cil, porque ya no ten?a libertad de locomoci?n, ya que el Ej?rcito controlaba todos sus movimientos y le exig?a listas de gente sospechosa. Entonces solicit? permiso al comandante del destacamento para viajar a la capital. Ya en la ciudad de Guatemala, llam? a un amigo norteamericano, y ?ste le ayud? a irse al exilio dorado, el 5 de noviembre, durante una noche obscura. De manera que ante el peligro que corr?a su vida, abandon? su escuela, su pueblo, su familia y su pa?s. En su exilio, lleg? a M?xico. Posteriormente, a los Estados Unidos. Su familia lleg? en 1984. All? continu? escribiendo y publicando. Realiz? estudios en ese pa?s y obtuvo una maestr?a. Se doctor? en una universidad. Y el profe que le sustituy?, jam?s pronunci? esas palabras supuestamente sat?nicas: Paz y justicia social. XXIDE NUEVO A ESCENACon el paso del tiempo, y ya estando yo en la capital, pues con mi familia nos vinimos para salvaguardar nuestras vidas, volv? a saber de ?l.En el peri?dico nacional se hablaba muy bien del profe: como acad?mico, como escritor y como pol?tico incorruptible, ?ntegro y abnegado.En el segundo p?rrafo del art?culo, cuyo autor era un famoso ex guerrillero, afirmaba que mi ex maestro rural amaba la verdad, la justicia, y la integridad.Es probo y honrado, repet?a una y otra vez.Con mis pap?s y siete hermanos le?mos detenidamente dicho art?culo, y un sentimiento encontrado nos invadi?. XXIILA ENTREVISTA Ojeando uno de los peri?dicos norteamericanos que mi t?o Chon trajo cuando lo deportaron, hall?, por casualidad, la siguiente entrevista, la cual reproduzco casi ?ntegramente.UN GUATEMALTECO QUE HA TRASCENDIDO FRONTERASPor Khon W. L ?Qu? funcionarios p?blicos necesita Guatemala para salir de ese atolladero?Funcionarios con una moral e intelecto a toda prueba, ciudadanos modelos y l?deres genuinos.Y si estamos como estamos, es porque reciclamos a pol?ticos deshonestos y corruptos.De manera que elegir a personas honestas ha sido, y espero ya no sea, un aut?ntico reto en mi pa?s, oprimido por propios y extra?os? ?Cu?ndo tendremos en un presidente a un l?der y estadista visionario sin prop?sitos particulares ni agendas ocultas, que sirvan con nobleza y transparencia a Guatemala??Ya es momento!Pero Guatemala es un pa?s desmemoriado e indiferente.Tiene raz?n: Es un pa?s ignorante e ingenuo. Pero no es pretexto para que los politiqueros usen al pobre para lograr sus sucios fines. Lastimosamente, los guatemaltecos eligen al demagogo m?s h?bil. A esos politiqueros no les basta cuatro a?os para hundir a la naci?n, sino que quieren seguir toda su vida mamando de la teta del Estado.?Qu? opina del General y Pastor Evang?lico Efra?n R?os Montt?Es un lobo vestido de oveja. Es un general genocida.Es una bestia apocal?ptica.R?os Montt es sin?nimo de violencia, terror, corrupci?n, caos pol?tico y anticristianismo.Recuerde que ?l orden? masacres de campesinos y que desapareci? del mapa a gran cantidad de comunidades enteras.Sus est?pidos discursos solo calan en la mente de analfabetas e ignorantes. Su reino de terror a?n nos abruma. El fue capaz de secuestrar la voluntad de un pueblo? ?Guatemala es un pa?s rico lleno de pobres?Es ir?nico.Mi pa?s es un pa?s de contrastes.Pero nuestra pobreza no debe vulnerar nuestra dignidad. Mire c?mo su pa?s ha tratado al m?o.Son muchos casos enigm?ticos, son muchos los agravios escalofriantes. El irrespeto total a la dignidad humana es muy evidente. Y el desprecio por la vida humana contin?a.Su pa?s ha demostrado el desprecio que tiene a los pa?ses tercermundistas, como el m?o.Estados Unidos acab? con la Revoluci?n de Octubre, financi? la Guerra Fr?a, sumi? a los pueblos de Am?rica en la miseria, y se ha entrometido en la vida de cada naci?n, como si estas fueran parcelas sin dignidad.?Recuerda la actitud tan valiente que tom? el Doctor Ar?valo ante el abusivo embajador aqu?l? Lo declar? non grato.Estados Unidos arruin? la democracia de 1920 tambi?n. ?No cree que nos consideran tan inferiores?En el mismo momento en que su Gobierno nos hac?a trizas, denunciaba a los nazis por tanto experimento macabro en los campos de concentraci?n. La doblo moral pues. Por eso, a Estados Unidos deber?a ca?rsele la cara de la verg?enza cuando nos mire a los ojos, si es que se atreve.?Y qu? piensa de los pol?ticos actuales?Utilizan la dignidad de las personas para satisfacer su ambici?n pol?tica. Ellos regalan al pueblo una canci?n barata, una retah?la de promesas falsas cuando est?n en campa?a pol?tica. Abusan porque saben que la manera de obrar de los ciudadanos se resume en indiferencia, en olvido y cobard?a.Pobre pueblo, est? secuestrado por la ignorancia y por la falsa ilusi?n.Nunca aprende la lecci?n. Pueblo cobarde y masoquista.Ciego y sordo.Est?pido. S?lo le interesa circo y pan.Vende su futuro por unas pinches monedas, como lo hizo Judas con Jesucristo.Los politiqueros compran voluntades con el dinero del pueblo. Las leyes protegen la corrupci?n, permiten la reelecci?n y premian a los pol?ticos, a quienes no les bastan cuatro a?os para hundir a la naci?n, sino que quieren continuar toda su vida en el poder. Esa escoria debe salir, debe terminarse.El voto consciente, responsable y libre es la clave.Esas sanguijuelas, digo, los pol?ticos, gastan energ?as en satisfacer sus ansias de poder y su ego?smo.Desoyen las demandas de los empobrecidos.Ellos son los que han vendido el pa?s a las transnacionales mineras y petroleras por unas cuantas migajas, mientras el pueblo sigue en la miseria. En la mierda.Tienen el compromiso en la construcci?n del bien com?n, y les importa un pito; deben empe?arse en la b?squeda de soluciones integrales y duraderas de los problemas de una sociedad, en vez de enriquecerse.Deben ser l?deres audaces, creativos, probos, honrados y temerosos de Dios.?Qu? piensa de los partidos pol?ticos?Hay desconfianza hacia los partidos como instituciones, y no se cuenta con un liderazgo que encarne la demanda popular.No hay un liderazgo unificador ni de altura.No existen liderazgos nuevos con propuestas innovadoras como la democratizaci?n de los propios partidos, y la transparencia del financiamiento de las campa?as.Repito: No veo en el escenario actual un partido capaz de hacer propuestas innovadoras, no hay un liderazgo unificador ni de altura, capaz de sacarnos de este dilema. Es urge apostarle al desarrollo humano y social. Los mejores hombres y mujeres de la naci?n debemos ahora subir al escenario y hacer ese cambio tan urgente que necesita Guatemala.Por eso estoy de regreso al pa?s de la eterna primavera?Estoy aqu? para cumplir la misi?n de aportar mi grano de arena, para fortalecer la paz en Guatemala y colaborar con los ind?genas. Hasta aqu? la entrevista.Sinceramente, termin? conmovido despu?s de leerla. Lo mismo sucedi? con mi familia y los dem?s paisanos que viven en esta ciudad. XXIIIVICTORIAEl profe regres? desde que inici? la campa?a electoral.Con mi familia y los dem?s paisanos nos pusimos a su disposici?n, y le apoyamos.Ciframos en ?l nuestras esperanzas: no trabajamos por nuestros intereses personales, sino por el bien com?n, puesto que anhel?bamos fervientemente que al ocupar ?l una curul en el Congreso de la Rep?blica, nuestra aldea resurgir?a de las cenizas, ya que entre las cuatrocientas cuarenta aldeas que fueron borradas del mapa entre 1981 y 1983, estaba la nuestra.Ten?amos esperanzas pues.Despu?s de tanto traj?n, de largas jornadas de trabajo, lleg? el d?a.Ten?amos la certeza de que lograr?amos la victoria, y as? fue.Como era de esperarse, hubo encendidos discursos en su pueblo. La gente, llorando, lo felicit? y bendijo. Era el Mes?as tan esperado ansiosamente, desde inmemorables siglos.El hombre probo y de reputaci?n intachable, al fin hab?a llegado. XXIVEL JUDASPero el tiempo nos dio muchas respuestas.Sucedi? que se despoj? de las m?scaras, y la amargura nos denigr? de nuevo.Se convirti? en el m?s vil verdugo del pueblo y de s? mismo.Se hundi? en el mismo fango donde yac?an sus enemigos de anta?o, a los que tanto critic?, a los que tanto combati?.Hipotec? sus ideales.La gente deposit? sus ruegos en o?dos sordos.Su sed de venganza, riqueza y poder, como los dem?s vendepatrias, como los dem?s judas, nos sorprendi?.Mentiroso. Farsante.Por gente como ?l, el pa?s vive en la m?s abyecta desdicha. Pobre este pa?s macondiano. Ofreci? propiciar una verdadera armon?a, a fin de que el pueblo saliera adelante en la resoluci?n de sus trascendentales problemas.Se convirti? en el verdugo del pueblo y de los principios que tanto defendi? y jur?Fue c?mplice en una de las dictaduras m?s despiadadas y duraderas de la historia.Le dio la espalda a la verdad, a la raz?n, a los m?s despose?dos por quienes dijo luchar en cuerpo, esp?ritu y alma.Se dio la espalda a s? mismo. Y entonces conoci? la verdadera muerte.D?spota de izquierda. ANEXOSNOMBRES DE ALGUNAS VICTIMAS DEL CONFLICTO ARMADOSabino Morales Hern?ndez, Jes?s, Pedro y Francisco Miguel y Pedro, Jacinto y Manuel Rodr?guez, Laureano D?az, Alfonso D?az Aguilar, Pedro Miguel, Jos? Miguel, Andrea Fabi?n Garc?a, Timoteo Chales P?rez, Jes?s Montejo, Vicente Pa?l Morales Hidalgo, Tom?s Arc?ngel Herrera L?pez, Emilio Escobedo Vel?squez, Miguel ?ngel Taracena, Antonia Camposeco Ros, Gildardo Rocael Camposeco Ros, Manuel Camposeco D?az, Antonio Esteban Camposeco, Pedro Hurtado Silvestre, Juana Placida Montejo Montejo, Marta Clarivel Montejo Montejo , Jes?s Morales, Tranquilina Morales Pascual, Candelaria Ros Domingo, Alfonso D?az Aguilar, Pablo Montejo, Gregorio Montejo Montejo, Efra?n Otoniel Camposeco, Gabriel Silvestre D?az, Basilio L?pez P?rez, Antonio P?rez M?ndez, Vicente Sales, Guillermo C?rdenas, Hugo Darinel Escobedo Lemus, Faustina Lorenzo Cruz, Manuel L?pez C?rdenas, Hern?n Lucas, Antonio Jim?nez, Jos? Mendoza, Miguel ?ngel Herrera, Eulalio L?pez, Aparicio F?nes Sol?s, Rom?n F?nes M?rida, Antulio L?pez Aguilar, Aparicio L?pez P?rez, Basilio L?pez P?rez, Damacio L?pez P?rez, Domingo L?pez P?rez, Fidel L?pez P?rez, Gilbertino L?pez, Julio L?pez Rodr?guez, Marcos L?pez L?pez, Narciso L?pez P?rez, Petronilo L?pez P?rez, Diego V?squez, Basilio L?pez Hern?ndez, Mario Mendoza, Antonio Montejo, Serapio Montejo, Etelvina Mej?a L?pez, Isauro Ismael Morales Jer?nimo, Baudilio L?pez D?az, Efra?n Gonz?lez, Adri?n Cifuentes, Julio Cifuentes, Basilio L?pez Montejo, Francisco Vel?zquez P?rez, Pedro Zacar?as, Virgilio Herrera L?pez, Herculano L?pez Herrera, Juan God?nez, Alonso Torres, Carmela D?az, Delfino D?az, Isidra D?az, Mar?a D?az, Pedro D?az, Juana Mat?as, Santos Orlando Ram?rez D?az, Carmela Cruz, Pedro Miguel Recinos , Francisco Miguel Recinos, Jes?s Miguel L?pez, Israel Alvarado Gaspar, V?ctor Manuel Valle, Francisco Torres, Eligio Montejo L?pez, Manuel Rodr?guez, Evaristo Armas, Vicente Hern?ndez, Juan L?pez Aguilar, Nazario Recinos Jim?nez, Herminio Waldemar Castillo Morales, Juli?n C?rdenas, Julio P?rez, Hern?n Domingo Castillo, Ambrosio Elza? Jer?nimo C?rdenas, Antonio Hern?n P?rez, Irineo Pablo Montejo, M?ximo Cano, Alonso M?ndez, Antonio Adilio Morales Mendoza, Gilberto Morales Morales, Baldomero Camposeco, Andr?s Vel?zquez, Gerardo Montejo Camposeco, Pedro Maldonado P?rez, Eulalio L?pez M?ndez, Pablo L?pez, Esperanza Casimira L?pez Mat?as, Porfirio P?rez Jer?nimo, Jacinto Efra?n S?nchez Ram?rez, Virgilio Morales, Oscar Morales, Jes?s Gaspar, Eulalio L?pez, Aparicio F?nes Sol?s, Antulio L?pez Aguilar, Aparicio L?pez P?rez, Basilio L?pez P?rez, Damacio L?pez P?rez, Domingo L?pez P?rez, Fidel L?pez P?rez, Gilbertino L?pez, Julio L?pez Rodr?guez, Marcos L?pez L?pez, Narciso L?pez P?rez, Petronilo L?pez P?rez, Diego V?squez, Basilio L?pez Hern?ndez, Pablo Montejo, Gregorio Montejo Montejo, : Carmela D?az, Delfino D?az, Isidra D?az, Mar?a D?az, Pedro D?az, Juana Mat?as, Santos Orlando Ram?rez D?az, Antonio Felipe Camposeco, Baltazar Mendoza D?az, Jes?s Mar?a Ambrosio, F?lix Jer?nimo Montejo, Sotero Jer?nimo Montejo, Tiburcio Jer?nimo Montejo, Lucio P?rez Calmo, Timoteo Cruz L?pez, Santos Andr?s Aguilar, Maruca Domingo, Andrea Fabi?n Garc?a, Feliciana Vicente, Juan Bautista, Juli?n C?rdenas, Herminio Castillo, Hern?n Dom?nguez Castillo, Welzair Jer?nimo C?rdenas, Hern?n P?rez Lucas, Francisco Recinos Jim?nez, Nazario Recinos, Juan Bautista Sontay Vicente, ?ngel Escobedo, Obdulio Guadalupe Ger?nimo C?rdenas, Juan Sontay Vicente, B?lica Medina , Julio P?rez, Juan L?pez Aguilar, Manuel de Jes?s Lemus, Francisco Aguilar M?ndez, ?lfego Armas Orantes, Maximiliano Mart?nez, Asunci?n Sol?s, Eladio Cano, Casiano Francisco Andr?s P?rez, Francisco Leonzo Armas, Herculando Ju?rez Lorenzo, Antulio L?pez Aguilar, Aparicio L?pez P?rez, Basilio L?pez P?rez, Damacio L?pez P?rez , Domingo L?pez P?rez, Fidel L?pez P?rez, Gilbertino L?pez, Julio L?pez Rodr?guez, Marcos L?pez L?pez, Narciso L?pez P?rez, Petronilo L?pez P?rez, Diego V?squez, Basilio L?pez Hern?ndez, Alejandro Ram?rez P?rez, entre otros.FUENTE: Y LLEGARON LOS DEMONIOS. Morales M?rida, Elder Exvedi. Noviembre de 1997Algunas masacres cometidas por el ej?rcito de Lucas Garc?a: 10 de enero de 1982: Agua Escondida, Santa Ana Huista. 10 muertos. 14 de enero de 1982: Santa Ana Huista. 10 a 14 muertos.


Publicado por hameh0017 @ 11:19
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DE OPRIMIDO A OPRESOR

Relato basado en un hecho real

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BREVE PROLOGO

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Me he hundido en la tristeza, y he tomado la decisi?n de dejar plasmadas algunas vivencias negras, tristes, nefastas; ?de enfrentarme a un pasado no lejano, que aun vive en nuestra memoria colectiva. ?Porque aunque no soy escritor, mi catarsis es escribir.

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Dedico este breve y humilde ?relato a esas cuatrocientas cuarenta aldeas que fueron borradas del mapa, entre 1981 y 1983; a esos ?ciento cincuenta mil civiles que ?fueron asesinados o desaparecidos; y ?a los desplazados que suman? m?s de un mill?n; asimismo,? a los muertos y desaparecidos que durante el conflicto armado super? las doscientas mil personas.

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Y a mi padre, Vicente Pa?l Morales Hidalgo, alcalde municipal,? asesinado en su despacho el jueves 21 de mayo de 1981, por una columna guerrillera, formada, casi en su totalidad, por santanecos.

Y por supuesto, al profe, personaje real, que me inspir? a garrapatear esto.

A ese personaje que escribi? de s? mismo, y que yo redescribo de nuevo.

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Elder Exvedi Morales M?rida

Ciudad de Guatemala, 10 de febrero de 1997

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I

Retumbaron los cerros y la t?trica noche lleg? a hacernos trizas.

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El helic?ptero dio varias vueltas sobre Santa Ana Huista o simplemente Huista, como le llaman muchos, mientras aterrizaba impetuosamente en la cancha de b?squetbol de la Escuela Oficial Urbana Mixta ?Rafael Alvarez Ovalle?, inaugurada el 5 de mayo de 1972.

Cuando el ?choper? (como le dec?an popularmente) descend?a, se levant? un colosal remolino y las hojas secas de los cipreses terminaron en polvo. Todos nos tapamos la cara, pues el aparato terror?fico dispersaba todo cuanto encontraba en su camino.

Yo rezaba. Los dem?s tambi?n.

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Del aparato que a?n rug?a cual le?n embravecido, cercenando con sus h?lices el aire a tajos imaginarios, bajaron un coronel y varios kaibiles, quienes ten?an la cara pintada de verde y negro, e iban armados hasta los dientes.

Todos eran ind?genas, excepto el coronel: blanco, alto, cabello claro y con una marcada cicatriz en el p?mulo derecho. Ladino ? mestizo pues.

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Yo, como ensimismado ? hundido en insondables reflexiones, los vi detenidamente, como si con las miradas les gritara muchos sentimientos confusos, de esos que nos? corroen el esp?ritu cuando vemos que el mundo se derrumba y nuestras preguntas se quedan sin respuestas, flotando en el m?s p?trido lodazal.

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De ?ltimo descendi? un soldado, llevando en sus anchas espaldas un radio de transmisi?n.

Me mir? a los ojos y esboz? una sonrisa macabra.

Escupi? un gargajo.

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Desde donde est?bamos pod?amos observar a un hombre atado de pies y manos y con el rostro oculto detr?s de un gorro pasamonta?as.

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Y las h?lices del pavoroso helic?ptero? segu?a batiendo el aire y elevando polvo y jirones de hojas secas se cipr?s.

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Como el ruido era casi ensordecedor, peg?bamos la boca muy cerca del o?do de nuestros interlocutores.

En una de tantas, Chinto, un amigo de infancia, me dijo: Esos pintos dan miedo mano.

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Se me olvidaba contar que siempre que llegaban helic?pteros y aterrizaban en la cancha de b?squetbol de la escuelita, casi todos corr?amos, incluidos los ni?os.

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Adalid, mi hermano mayor, nacido en 1974, era un manojo de nervios.

Yo tambi?n, a pesar de mi corta edad.

Lo mismo los dem?s.

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El coronel, rojo de c?lera, llam? a los soldados que cumpl?an las ?rdenes al pie de la letra. Estos obedecieron antes de escuchar la ordenanza y se cuadraron.

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-Esos sin son cabrones-dijo Adalid, quien, en cierta forma, los admiraba? y odiaba, creo yo, a los guerrilleros, pues ?stos y otros?que se paseaban libremente por la regi?n, hab?an dado muerte a mi se?or padre, cuando fung?a como alcalde municipal.?

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-De un vergazo te voy a sacar la chispa-, le grit? a todo pulm?n el coronel a uno, cuando ya le hab?a acertado tremendo puntapi? en el abdomen.

Y agreg?, evidentemente fren?tico: Sac? fibra o ya sab?s?

El pobre soldado ind?gena se levant? inmediatamente? y desapareci? de la escena casi espeluznante.

Los aut?matas que actuaban cumpliendo ciegamente las ?rdenes, llevaban Galiles, granadas y muchas municiones.

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El coronel, por sus gestos, intuimos,? daba instrucciones a los soldados.

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?A qu? hab?an llegado?

A?n no lo sab?amos.

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Rodrid Adalid me vio fijamente.

Me comenz? a escudri?ar de pies a cabeza.

-Avivate vos y agarrate de la malla porque sino, cuando esta cosa se vaya, te va a hacer lata-, me indic?.

Obedec?, como siempre.

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Volvimos a poner los ojos en los militares, en los que arrastraban tantas verg?enzas, en especial, por la traici?n que le jugaron infaustamente? al ?Soldado del Pueblo? Jacobo ?rbenz Guzm?n, all? por 1954. Por la traici?n que le hicieron a Guatemala.

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El soldado que antes hab?a sido abochornado ante nosotros, por el coronel, volvi? a la escena con un comisionado militar y varios patrulleros de otra comunidad, quienes iban armados hasta los dientes, como solemos decir. Machetes, garrotes y unos cuantos rifles oxidados para apantallar.

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El comisionado era gordo, chaparro y de tez morena. Descendiente de ind?genas que llegaron como arrendantes?? hac?a mucho tiempo.

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Llevaba en el cinto una pistola, la cual luc?a siempre, con la idea de ganar supuesto respeto.

?Mierdes, ya lleg? sus mero tata?, refunfu?aba a veces, sobre todo, cuando estaba ebrio, despu?s de atacarse de g?aro o cusha.

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Por cierto, los comisionados militares eran ?los ojos y o?dos del ej?rcito?, una figura creada en las primeras etapas de la represi?n.

Unos ojos y o?dos con permiso para portar armas y detener e interrogar a sospechosos.

Y a matar a quemarropa.

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La mayor?a eran soldados que regresaban a la comunidad tras su servicio a la patria?

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Se cuadr? el soldado, el comisionado, los patrulleros, y hasta sus sombras.

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Y las h?lices del aterrador helic?ptero? segu?an agitando el aire y elevando polvo y gui?apos de hojas secas se cipr?s.

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Algo dijo ? mand? el coronel y abordaron el helic?ptero.

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El horrendo aparato se fue alejando hasta perderse en el horizonte, rumbo a Los Cuchumatanes, numen de muchos grandes bardos como Juan Di?guez Olaverri y Rafael Landivar, por mencionar solamente a dos.

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Tomamos otra vez el camino de regreso en total silencio.

Unos por la Calle Real, anta?o serv?a de paso a los espa?oles en su ir y venir, en la ?poca colonial, como lo describen Fuentes y Guzm?n en su Recordaci?n Florida y don Joseph Domingo Hidalgo all? por 1798: ?un paso inexcusable para M?xico? que ?es el ?ltimo pueblo del camino real en esta provincia?.?

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Adalid y yo retornamos a casa por La Ronda.

Detr?s de nosotros ven?a t?o Miguel ?ngel Taracena Rojas, eterno candidato a la alcald?a,? por el partido? del Movimiento de Liberaci?n Nacional ?MLN-, cuyo m?ximo l?der era? Mario Sandoval Alarc?n, escupiendo anatemas: ?Hijos de puta de guerrilleros, ya llegaron sus padres?.

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Pero, ?qu? suced?a?

A?n no lo sab?amos.

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Solamente ten?amos la negra certeza? que la maldici?n se cern?a sobre nosotros, y que se paseaba? como le?n rugiente y sediento de sangre por todos los rincones de nuestra patria vituperada, por todos los senderos de nuestro pueblo harapiento, que no era ni Macondo ni Comala.

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II

El d?a mor?a en el ocaso.

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El panorama oscuro, m?s que la misma noche.

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La guerrilla y el ej?rcito hab?an invadido el territorio de Huista.

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O con uno ? con el otro.

Si estaba con el ej?rcito, enemigo de la guerrilla; si del lado de la guerrilla, adversario del ej?rcito.

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O contra los dos.

Peor a?n.

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Como a las ocho de la noche, la noticia corri? como reguero de p?lvora.

De boca en boca, el suceso atroz? lleg? a todos los rincones.

Supimos que hab?an quemado una comunidad entera.

?Los autores? Los que iban a bordo del helic?ptero. El hombre que se cubr?a? el rostro con un gorro pasamonta?as habr?a dicho que los habitantes de esa aldea? eran guerrilleros.

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Seg?n los informes, en forma violenta encerraron a la gente en un rancho pajizo, y luego le prendieron fuego. Dejaron como saldo? varios muertos achicharronados. Como a animales? introdujeron a todos en el rancho grande que serv?a de usos m?ltiples.

Derramaron gasolina por todas partes. La paja se la chup? rapidito.

El fuego empez? a devorarlo todo.

Las v?ctimas inocentes gritaban, lloraban y rezaban.

Fue hasta entonces que conocieron el terrible infierno.

Mientras los infelices se chamuscaban, los soldados se divert?an.

En medio de la oscuridad m?s cruel, expiraron.

Las mujeres, ni?as,? adolescentes y adultas, fueron violadas, como suced?a siempre.

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Esa aldea trabajadora y honrada desapareci? del mapa.

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Mientras esto suced?a, la prensa, la radio y la televisi?n repet?an el serm?n del domingo del Se?or Presidente, quien orden? esa y otras masacres: General, Pastor Evang?lico y dictador: ?Dios es Amor, hermanos??

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Aleluya.

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Am?n.

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III

?????????????????????????????????????????????????????????????? EL PROFE

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Lo que relato seguidamente, est? basado en lo que me narr? Juan Ixim, un amigo de infancia que conoc? en uno de mis viajes a una de las tantas aldeas golpeadas durante el conflicto armado interno.

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He aqu?:

?El profe lleg? a la aldea como maestro de escuela en 1972 y dej? de laborar hasta 1981, a ra?z de lo sucedido aquel 9 de septiembre del mismo a?o.

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Era ?nico, excepcional, de los pocos profesores que tienen vocaci?n, que ven su labor como algo sagrado. De los pocos que demuelen? paradigmas perjudiciales, un agente de cambio pues.?? De los pocos que no ven a sus disc?pulos? como aut?matas, sino como seres pensantes. Un verdadero ap?stol. As? lo recuerdo, porque dej? hondas huellas en mi esp?ritu, a pesar que los hechos ocurrieron hace mucho tiempo, cuando a?n yo era un infante aldeano.

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Nos hablaba de todo, nos hac?a conocer y tener al mundo a nuestros pies. Viaj?bamos a lugares que, si no hubiese sido por ?l, jam?s hubi?ramos conocido.

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En la escuela nos hablaba de marxismo, leninismo y comunismo, y de otras cosas que no entend?amos en su justa dimensi?n.

Exaltaba a varios hombres, entre ellos, a Fidel Castro y al Che.

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Cierto d?a nos habl? del segundo.

El Che ? dijo como si hablara de un hombre sacrosanto- naci? en la ciudad de Rosario, en Santa Fe, Argentina, el 14 de junio de 1928.

Ni?os, futuro de Guatemala ?expres?, casi excitado-, ?l, como Jesucristo, cambi? el rumbo de la historia.

Paquita, que era hija del pastor evang?lico, levant? la mano y protest?: Disculpe profesor, pero no estoy de acuerdo? con usted, porque el ?nico hombre perfecto que ha existido, existe y existir?, es Jesucristo.

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El profe, ciertamente? irritado, tom? su famosa regla met?lica, y le dio tremenda lecci?n.

Paquita fue expulsada de la escuela.

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Pues bien -continu? el profe, despu?s del bochorno-, fue el Che el mayor de los cinco hijos de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serda. Ambos pertenec?an a conocidas familias aristocr?ticas de clase alta. Su tatarabuelo paterno fue considerado el hombre m?s rico de Sudam?rica, mientras que por el lado materno descend?a de Jos? de la Serda e Hinojosa, ?ltimo Virrey en Lima.

En San Isidro, poco antes de cumplir dos a?os de edad, contrajo neumon?a aguda; este ser?a el principio del asma, enfermedad que padecer?a toda su vida. Se puede decir ?prosigui?, mientras me miraba amenazante, porque me estaba durmiendo-, que su enfermedad lo orill? a ser un extraordinario lector. Ley? a Emilio Salgari, Julio Verne, Baudelaire, Neruda, Sartre, Kafka, Freud y Camus, y a nuestro premio nobel de literatura,? Miguel ?ngel Asturias.

El doctor, porque ?l estudi? medicina, admiraba al famoso c?mico Cantinflas, porque no crean que este gran artista solamente nos arranque carcajadas, no, no ni?os.

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-Profe-, interrump?-, si ?l era doctor, ?Por qu? se hizo guerrillero?

Y me respondi? casi gritando: Porque ?l s? era un verdadero cristiano.

Y el silencio volvi? a reinar en el aula.

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El Che-prosigui?, como si estuviera ante un p?blico muy culto-, fue antiimperialista durante los ?ltimos a?os de su adolescencia, porque Estados Unidos nos ven como objetos y no como sujetos.

Vino a Guatemala el 24 de diciembre de 1953, para ver la revoluci?n que estaba liderada por El Soldado del Pueblo, el quetzalteco Jacobo ?rbenz Guzm?n. En nuestro pa?s conoci? a Hilda Gadea, que colaboraba con el glorioso gobierno de ?rbenz, y que m?s tarde ser?a su primera esposa.

El 16 de junio, aviones de mercenarios militares comenzaron a bombardear la ciudad capital, y dos d?as despu?s, un maldito ej?rcito, al mando del judas guatemalteco Carlos Castillo Armas, ingres? al pa?s desde Honduras. El 27 de junio de 1954, los jefes del ej?rcito vendepatrias de Guatemala decidieron desconocer la autoridad? del Coronel ?rbenz, y exigir su renuncia.

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El profe hizo una pausa. Consecutivamente, le dio un pu?etazo al pizarr?n. Estaba enfurecido, endemoniado, y nos pregunt? con acento terrible: ?Se dan cuenta que el ej?rcito es un vendepatrias?

Todos, al un?sono, como aut?matas, por temor, respondimos: ?S? profe!

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Respir? profundamente y continu?: ?rbenz sufri? mucho. Su delito fue so?ar una Guatemala verdaderamente libre e independiente.

Su gobierno ten?a por objeto convertir a nuestro pa?s en un pa?s moderno, soberano y democr?tico, erradicando la dependencia? exterior y la econom?a semifeudal que caracterizaba a Guatemala en ese entonces, as? como elevar el nivel de vida de las masas populares.

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?rbenz naci? en la ciudad de Quetzaltenango el 14 de septiembre de 1913. Falleci? en M?xico el 27 de enero de 1971. El 19 de octubre de 1995, sus restos fueron tra?dos a Guatemala. El 20 de octubre, d?a de la Gloriosa Revoluci?n, fue sepultado en el Cementerio General de Guatemala.

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Pues bien, les hablaba del triste final de la Revoluci?n.

Seis d?as despu?s, el sinverg?enza de Castillo Armas entr? a la capital para establecer una dictadura y derogar las mediadas sociales adoptadas por el gobierno democr?tico.

Solo diez a?os goz? Guatemala de libertad e independencia.

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Y entonces, descubrimos absortos que sus ojos se anegaron de l?grimas.

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Y prosigui?.

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Retornando al Che, de la ca?da de ?rbenz sac? conclusiones fundamentales que luego incidir?an directamente en sus actos durante la revoluci?n cubana.

El Che pues, am? a Guatemala porque conoci? su historia, porque cuando uno conoce a su pa?s, lo ama extremadamente.??

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En septiembre se fue?? a M?xico, en compa??a un guatemalteco de apellido C?ceres. All? trabaj? un tiempo de fot?grafo. Luego lo contrat? la Agencia Latina y despu?s el Hospital General y el Infantil.

Por cierto, en el exilio, en M?xico, se reencontr? con el gran patriota guatemalteco Alfonso Bauer Paiz, pues se conocieron en Guatemala, ya que don Poncho, gran personaje de la Revoluci?n, le ayud? en ese pa?s y en el nuestro. Asimismo, don Poncho tuvo cierta amistad con los hermanos Fidel y Ra?l. El Che ya andaba por el mismo sendero con los cubanos.

El Che fue nombrado Comandante el 21 de julio de 1957. Luego ascendi? a Capit?n, y cinco d?as despu?s, lo design? Fidel,? Comandante de la formaci?n.??

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En fin, el Che debe ser nuestro norte, porque ?l dio su vida por los dem?s.

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Son? el timbre de salida. Eran las 12.30.

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Y concluy?: El Santo Che fue asesinado en Bolivia en 1967, pero ?l est? m?s vivo que nunca.

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Se pueden ir a sus casas.????


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Jueves, 09 de diciembre de 2010

Los rayos del sol penetran? escasamente por las tupidas y verdes rama de los altos? ?rboles. ?C?mo olvidar la selva de tupida y virgen, si tengo alma de p?jaro, de milpa, de r?o, de viento, de? misterio...?

Disfrut? el alaba y el crep?sculo, pues eran los mejores momentos para que mi esp?ritu se alimentara de fe, amor y tranquilidad. Las aves volaban entre la espesa vegetaci?n. Los animales silvestres caminaban silenciosamente. Conejos, gatos de monte, liebres, venados, tacuacines, entre otros, miraba asombrado corretear entre el espeso follaje. Era com?n ver saltar entre las ramas de los sabinos y ?rboles frutales a las ?giles ardillas. ?Qu? extraordinario ver aquellos alt?simos ?rboles que buscaban el cielo, para enamorar a las estrellas y a la luna! ?Qu? noches apacibles!? Ingenuamente-era chiquillo-, cre?a que los bejucos que pend?an de los ?rboles eran culebras inm?viles, atrapadas.? Recuerdo aquella ma?ana de noviembre de 1985, all? en mi? cuna verdadera: Guachipil?n.

Bajo un matapalo, cerca de una gran cantidad de bejucos. El sol se filtraba lenta y t?midamente entre las ramas verdes, olorosas y frescas. Las aves que son marimbas con sus trinares se enredaban por molestar en las fuertes ramas. Lleno de mozotes, los pantalones, invadidos de mostacilla, garrapatas y arador el cuerpo.

Las chicharras con sus cantos eternos endulzaban m?s el pl?cido ambiente. Ah? est?bamos, ah? estamos, a trav?s de los recuerdos.? Mi hermano? Adalid y yo est?bamos?????? sentados tomando un descanso.? Cuando o?mos complacidos el c?ntico del guardabarranco, abr? mis? labios y me? habl? de la cascabel, de el coral, de la comadreja y de tantos animales m?s que habitaban los bosques. Hay que tener cuidado, me aconseja. Fue esa, una de las pocas veces que hablamos, que convivimos, ya que, extra?amente, durante esos a?os estuvimos cerca, pero lejos, verdaderamente. ?Por qu?? No lo s?.

La tierra h?meda, fecunda, santa, estaba agarrada del pelo por las infinitas ra?ces de los ?rboles que colectivamente forman la selva donde moraron tantos seres.

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Los ?rboles gigantes parec?an convertirse en fantasmas al nom?s caer el tel?n de la tarde.

El rumor del airecillo mec?a las ramas y produc?a una m?sica extra?a, m?tica, celestial.

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A?n descanso bajo las milenarias, verdes y majestuosas ceibas. Los quiebracajetes se mostraban ufanazos? entre la natura.? Los ?rboles de nances se? inclinan para depositar sus pepitas de oro sobre la h?meda grama, donde la noche pone sus? di?fanas semillas: el roc?o.

C?mo recuerdo? la vez que Manolo Matamoros muy entusiasmado al ver esos frutos dispersos en copiosidad sobre la hierba, grit? una y otra vez: ?Amarillella!.

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La selva estaba de fiesta cuando las? hachas, machetes y los otros destructores estaban lejos...


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El sol brilla con todo el esplendor de una ma?ana. Los tejados, las l?minas de zinc y techos de paja se han calentado ya. Los ?rboles de despojan de sus hojas. Pas? el invierno y lleg? el verano con su sequ?a. ?Es verano!

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El sol derrama sobre el pueblo un pu?ado? de luz abrasadora.

La muchedumbre se enloquece viendo a las mujeres ba??ndose en el r?o. El sol, con su cabeza amarilla y despeinada de girasol est? candente. Su luz se derram? y salpic? a todos.? En verano, cuando? las serpientes salen a asolearse, parecen bejucos gruesos, yaguales o c?rculos de trapos de diversos colores. Los pericos, los patos, las t?rtolas, las perdices, los quebrantahuesos y muchas otras aves, retornan a los bosques.? Perseguimos mariposas. Las veredas retorcidas como culebras, no dejan de levantar polvo. El viento murmura no s? qu? en los ?rboles y arbustos. Los ?rboles, durante muchos? d?as, se sacuden, como si tuvieran piojos o garrapatas y sus hojas caen danzando al suelo.

Por las noches, las pinceladas de la luna escriben poes?a en la inmensa p?gina del pueblo.

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Contemplamos maravillados el nacimiento del astro rey en las verdes monta?as de Los Cuchumatanes.

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Re?amos sin malicia al ver al sol que se qued? atrapado? o acunado en los brazos de las nubes, o en las copas de los ?rboles que besan el estrado de Dios: El cielo.

All?, s? all?, en la playita de la arena fina nos revolc?bamos como cochinitos. All? tomamos el sol. Tres o m?s veces ?bamos al r?o a ba?arnos, gracias al sofocante calor.

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Los p?jaros baten sus alas.? Los rayos del sol se revuelcan en sus plumas.? Los garrobos se asolean echados en las grandes rocas.? El viento chilla? y se queja de tanto calor. El r?o cristalino y chismoso? serpentea entre los frondosos y milenarios sabinos.

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El sol? fulge.

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El sol dorado a?n no inicia la retirada. A?n ti?e de oro el ambiente. Desde una cimbreante rama o?mos cantar a los cenzontes. Nos dedicamos a destruir un nido de chorcha y echamos a correr horrorizados, perseguidos por una serpiente. Los arroyos Grande, del Shak y otros, est?n de vacaciones.

Volver?n en invierno.

Todos los d?as, durante largas jornadas, el sol se derrite como manteca de coche en las calles empedradas y en los tejados.? D?as calurosos.? Una perdiz se par? en una rama y emite su cantar encantador. La tarde cay? lentamente.

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El astro rey sin timidez ha salido de su morada y derrama sobre el pueblo sus rayos candentes. ?Es verano!

Durante? las noches, como luci?rnagas, las estrellas est?n prendidas en el cielo alumbrando el escenario del mundo.

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Es verano.

Los campesinos reparan sus ranchitos.? Los alba?iles construyen viviendas.

Es verano. El r?o est? di?fano y g?lido. El sol, despu?s de una eterna jornada, se pierde en el azul horizonte. Su luz ya se disip?.

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Episodios de mi Vida: Morales M?rida, Elder Exvedi. 1995


Publicado por hameh0017 @ 12:01
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-San Isidro Labrador, pon el agua y quita el sol-, dijo mi abuela esa tarde gris. Yo le o? extra?ado.

El? cenzontle ag?ero ayud? a pedir el agua. Momentos despu?s, el aguacero roncaba, estornudaba. El agua se colaba por las goteras. El cielo derramaba sus l?grimas cristalinas y jubilosas. Acariciaba la tierra, las milpas, los frijolares, los cafetales. Como frutas maduras ca?an las gotas de agua. Tol?n, til?n, sonaban ellas muy alegres.

-?Qu? aguacero!

-?Qu? chaparr?n!

-?Qu? llovizna por la gran guayaba!

-?Qu? tormenta!

-?Qu? pencazo!

-?Qu? porrazo!

Los charcos por todas partes. ?Ah, qu? olor a tierra mojada!

La neblina esconde bajo sus alas al pueblo legendario mientras el fuego se hartaba lentamente los le?os de roble en el poyo.???

Desde las altas cumbres silenciosas se ve al pueblo tiritando de fr?o. ?Lleg? invierno!

Las fuertes lluvias que azotaron la regi?n causaron el desbordamiento del r?o Huista. Arroyuelos color barro correteaban alegres por las callejuelas del poblado. En lo alto de las monta?as verdes y azulosas, el arco iris se ha hecho presente.

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Arriba tel?n.

Otro d?a. Una recia tormenta con fuertes vientos y amenazadores rayos golpeaban a los ?rboles.? Ah? estoy a?n, en ese tiempo dormido, contemplando? correr el agua por las calles.

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Los barcos de papel navegaban en los oc?anos min?sculos que aparecieron en las calles despu?s que la llovizna ba?? al pueblo.? La luna lo restreg? con su estropajo empapado de jab?n de coche. La tierra est? apagando su sed. Los ni?os descalzos caminan entre el lodo, se ba?an en esos arroyos que corren en las callejuelas.

La lluvia se estrella en los tejados, en las l?minas de zinc, pero en los techos de paja, cae suavemente y se desliza para besar largamente la f?rtil madre tierra.

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El viento fren?tico, enfurecido, despeina ?rboles, arbustos, se entra por las puertas, ventanas y agujeros, zarandea los techos de paja, de teja y de l?minas de zinc.

Los pobres ?rboles que se caen del sue?o con sus racimos de frutos lozanos son tomados de las orejas por el viento y de nuevo son garroteados. Violentamente el viento chifla y ensordece.

Los guineales de majunche, oro, morado y de otra clase, parecen militares: verdes y en fila, como listos para combatir el hambre...

El inmenso murmullo de los sapos, ranas, grillos, chicharras, p?jaros, arroyos y del r?o Huista, entonan una sinfon?a misteriosa pero melificadora. Las chirim?as de la lluvia chillan, chillan, chillan, cuando se somatan? contra el suelo. Los paisajes se embellecen m?s y yo me los bebo, como agua clara, di?fana, como el beso de una diosa.

Galopan los vientos fuertes como corceles montados por bravos guerreros.

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Nos levantamos muy temprano en la madrugada fr?a. Los dedos de los pies tullidos. Las orejas heladas. El rostro fresco.

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Por entre las arboledas juega tenta y tiro al bote la neblina. Las chicharras que con su canto ensordecen, anuncian la llegada de la ?poca fr?a: invierno, sigue con su obstinatti.

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El tepezcuintle se alegra al sentir caer suavemente sobre sus espaldas las brisas tiernas. ?Es invierno!

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Los ?rboles se mecen coquetamente por el peso de los p?jaros, que m?s que p?jaros,? parecen arom?ticas y hermosas flores canoras.?? Los robledales reverdecen. En verano se despojaron de sus hojas, hoy vuelven a cubrirse de ellas.

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El mart?n pescador visita m?s continuamente el r?o. Un rel?mpago agarr? a latigazos a saber qui?n...Por los cerros descienden como serpientes de cristal los arroyos Grande, Shak, y otros.

Un olor a tierra mojada por los aguaceros inunda el ambiente.

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En invierno regresamos a casa empapados? con un costal de ma?z, de caf?, una red de elotes, o de le?a a tuto.

Las nubes marchan, desfilan, corren, anuncian de nuevo la lluvia. Altos, frondosos ?rboles, se quedaron mancos; sus ramas verdes y robustas? fueron arrancadas por? el viento que soplaron locamente. La noche oscur?sima da miedo, mucho miedo, y con mayor raz?n cuando el cielo bravo ruge.? Merodean los zancudos. Los aguaceros ensordecedores no nos permiten salir de casa. ?Es invierno! Llueve mucho. Ahora el r?o corre ancho y caudaloso y amenaza con salirse de su cause y borrar del mapa al pueblo. Su murmurar es estremecedor.

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La griter?a alegre de los p?jaros nos acerca m?s al Creador. ?Qu? hermos?sima creaci?n!

Estamos bajo un frondoso mangal y el viento lo mece fren?tico. Los riqu?simos frutos caen sobre nosotros.

-?Est? lloviendo mangos!-, grita uno de los ni?os aventureros.

-El mangal nos dio una mangueada-, sol?amos decir, cada vez? que esto nos ocurr?a. Por todas partes las frutas, ya sean mangos, naranjas, sapotes, limas, sunzas y otras m?s, yacen en el suelo y nadie se preocupa en? cogerlas. Las frutas son abundantes.

Los ?rboles baten sus grandes alas verdes. Agitan sus pelos vegetales. Parecen querer alzar el vuelo.

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Las hojas vuelan como barriletes verdes, pues el viento fuerte las sacude, las empuja.

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El aguacero se estrella contra los techos de paja, los cuales se lo beben poco a poco.

Los gruesos goterones se arrojan contra?? las l?minas de zinc. Los arroyuelos oscuros siguen desfilando por las calles. Un miedo terrible azota a los ni?os cuando llueve fuerte, muy fuerte.

De un agujero, brotan y brotan cantidad enorme de zompopos de mayo. Por entre ramajes, los zopilotes saltan. Patachos de mulas cargadas de le?a, frijol y redes de ma?z llegan al pueblo.

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El fuerte rugir del agua que brota a los pies de las monta?as, anuncian? el nacimiento de los arroyuelos. El agua del r?o Huista choca contra las piedras manifestando su emoci?n. ?Es invierno!

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Las gotas de la lluvia tac, tac,tac,? no cesan. Me embarga ahora que es invierno una gran melancol?a. No lo puedo creer, estoy lejos, muy lejos de mi pueblo.

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Volvamos al terru?o.

Tic, tac, tic, tac, el reloj suena.? Dormimos a pierna suelta,? mientras la r?faga de lluvia cae del cielo.? Ja, ja, ja, yo cre?a desde chiquillo que Dios abr?a una gran llave para que el cielo nos regalara su agua.

Todos los d?as hacemos barcos de papel y los ponemos a navegar en los riachuelos que se forman cuando llueve. Estamos alegremente tiritando...

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Los campos bienhechores parecen versos? de paz y ternura.

El viento, payaso, juguet?n, dulce e infantil, despeina con sus miles de miles de manos a todos.

Los pajonales verdes, gruesos, grandes, frondosos, se ven inclinados, como haciendo reverencia al Creador.

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Dios derrama la lluvia desde su morada a la tierra para vivificarla y bendecirla. ?Qu? alegr?a, es invierno!

El cielo llora alegremente sus l?grimas? durante muchas horas.

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La lluvia, el aguacero torrencial, es una d?diva del Supremo Creador.

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La hierba ama con frenes? al invierno. Todo ha vuelto a reverdecer. ?Ah! El suave y delicioso olor de las flores silvestres se siente en esta ?poca.

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La madrugada campesina es alegre. Surcan el cielo muy alegre la calandria, el p?jaro carpintero, el pitorreal, el pajuil, el azacu?n y el gavil?n.

?Es invierno!

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En una poza de agua de lluvia, nos inclinamos y apagamos nuestra terrible sed. ?Ah, g?iros chiflados!

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Las ramas de cedro, cipr?s, roble, y dem?s especies, son agitadas fren?ticamente por el viento. A veces, los ?rboles barren el suelo con sus? pelos verdes, obligados por el aire. Pobres, a veces sufren. El aire juguetea m?s de la cuenta durante esta ?poca.

El aguacero torrencial rompe el silencio. Le tapa la boca y los o?dos.

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Muchos ?rboles que son inclinados con violencia, se quiebran el esqueleto.

El viento (seg?n ?l), a pu?etazos tira los ranchitos. La sueva claridad de la luna pronto se march?, pues el cielo se torn? gris y en breve llovi? a c?ntaros.

La brisa ma?anera es muy agradable.

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?Qu? extraordinario! La lluvia irrig? los campos maiceros.

El r?o, aparentemente embravecido, contin?a caminando su largo camino.

Los rel?mpagos, los truenos, aterrorizan a los infantes; creen que inicia el fin del mundo.

El agua sigue cayendo a torrentes, garroteando los ?rboles, ranchitos y cu?ntas cosas encuentra? a su paso.

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Los arroyos fluviales corren entre las callejuelas, como si nada pasara...

Chifla el viento canciones de primavera. Necio, necio.

Bosteza el alba. Corren arroyuelos por doquier. Parecen serpientes cristalinas inofensivas. Pronto agoniza el sol.

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Trinos de una amplia variedad de aves deleitan al pueblo.

Los ?rboles que se mecen est?n inundados de p?jaros agoreros, como? si fueran roc?o en copiosidad.

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A lo lejos se divisan las verdes monta?as, la neblina en retazos venda los ojos. Nos adentramos y nos perdemos en ese mundo vegetal aprisionado de cantos variados de aves y sonidos de arpas de r?os.

?Es invierno!

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Transparente como agua clara de un manantial en medio del mundo vegetal, es la sonrisa del campesino, jubiloso porque habr? abundante cosecha.

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A veces el sol harag?n,? toma una siesta a pierna suelta en las copas de los ?rboles.

Los conejos, venados, ardillas, tepezcuintles, garrobos, armados, cotuzas y otros animales, as? como toda la creaci?n est? m?s alegre que nunca, porque es invierno.

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En los charcos, como espejos semi sucios, mir?bamos nuestras im?genes de ni?os caretos, mocosos, vagos e inocentes. Vemos el vuelo majestuosa de las aves. Las nubes? caminan lentamente. Los rayos del sol no pueden penetrar en el suelo de los bosques porque las ramas m?s robustas y espesas se lo vedan. Los ?rboles frutales est?n llenos por todas partes de exquisitos frutos. El ambiente tambi?n huele a frutas. Las hojas se mecen, parecen peces verdes. La tarde cay?, el agua no ces?.? Por las noches oscuras, ya sin la luz del ocote, dormimos pl?cidamente. La lluvia no acaba.

El alarmante zumbido de los zancudos? nos molesta un poco, por lo que tenemos que dejar un manojo de ocote encendido para ahuyentarlos. Al otro d?a, muy temprano, se oye el tac, tac, tac, el destilar del agua. Por fin? ces? la lluvia. ?Es invierno!

La milpa crece lozana, olorosa, vigorosa.? Las buganvillas?? florecen.

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El viento contin?a enfurecido, bravo, col?rico, aporreando todo lo que encuentra a su paso: aves, ?rboles, calles, postes de alumbrado el?ctrico.

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El zacate se mira en los charcos, huellas de la lluvia cuantiosa. Lodo, mucho lodo, como melcocha: pegajosa. El r?o arrastra piedras, palos, plantas y todo lo que puede.

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Los truenos y rel?mpagos intimidan a los ni?os. Por las empedradas y empolvadas calles siguen corriendo r?os min?sculos de agua sucia. Los ?rboles empapados de lluvia siguen? temblando de fr?o. Los ni?os gozan hundiendo los p?es desnudos en los charcos, otros d?ndose?? un chapuz?n de cuerpo entero.

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No cedi? el furioso aguacero que nos sorprendi?, sino despu?s de cuatro horas.

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La tempestad ya se marcha. El cielo poco a poco, lento, muy lento, se va despejando. El sol inicia a aparecerse muy t?midamente detr?s de las altas monta?as mojadas del poniente. Los ni?os, necios, desnudos, descalzos, siguen jugando entre el agua sucia y muestran su sexo o ?chil?n?. Se?alan maravillados el colorido y esplendente arco iris que en un abrir y cerrar de ojos hizo acto de presencia. La tempestad dej? sus huellas en la memoria. Muchas plantas, entre ellas, milpas, yacen en el suelo.

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17 largos inviernos y eternos veranos viv? en Santa Ana Huista, antes de partir a recorrer el mundo.

Ordeno mis recuerdos y veo claramente a mi madre quemar las cruces de palmera que bendijo el sacerdote.

-Mijo, desnudate y sal? a hacer la cruz con ceniza a la calle para que deje de llover-, me manda dulcemente.

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Cierro mis ojos. El pasado se me esfuma? otra vez de las manos.

Tranquilidad serena.

Melancol?a.

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. Episodios de mi Vida: Morales M?rida, Elder Exvedi. 1995


Publicado por hameh0017 @ 12:00
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Las posadas se llevaron a cabo del 16 al 24 de diciembre. Este tipo de procesiones nocturnas que recorr?an las calles, pidiendo ?posada?, para el nacimiento de Jesucristo, eran muy alegres.

Ellas-seg?n me explic? mi madre, cuando era muy infante-, representaban el viaje que hicieran? la Virgen Mar?a y San Jos? de Jerusal?n a Bel?n, huyendo del? empadronamiento del emperador C?sar Augusto que mand? a hacer? por los a?os 747-749.? Estas posadas que son manifestaciones religiosas, son de origen hisp?nico y fueron tra?das a Am?rica junto con la confecci?n del nacimiento y dentro de la celebraci?n de la navidad.

En las casas, en un rinc?n, se pod?an apreciar los nacimientos, en los cuales se recreaban campos con aves de corral, bueyes, ovejas, cabras, vacas, asnos, y alrededor del ranchito que representaba el establo, hab?a muchas figuras de cer?micas, madera. Casi todas las casas particulares contaban con su propio nacimiento, pues el protestantismo ya se hab?a extendido m?s.

En la parroquia construyeron una caba?a cubierta de paja en forma de pesebre.?? En ?l pusieron un albergue con un ni?o dentro,? representando a Jes?s reci?n nacido, a un lado de ?l? la Virgen Mar?a y San Jos? del otro, completando el cuadro con un? asno y un buey que tambi?n estaba a los lados. El asno era real, al igual a los? que representaban a los magos, los cuales estaban de rodillas delante del pesebre y ofrec?an sus presentes: oro, mirra e incienso. El piso, que era de ladrillo, estaba saturado de pino: parec?a alfombra natural.? Recuerdo que un d?a antes, dramatizaron una escena.? En el pesebre estaban la Virgen? y San Jos?, contemplando al reci?n nacido, que al igual que ellos y los dem?s personajes, eran reales.? El asno se asustaba al ver a tanta gente observ?ndolo. No digamos dos cabras de una todosantera muy conocida dedicada a la crianza de estos animales (me refiero a la se?ora Romana, que vive en el cant?n Reforma, en una de las ?ltimas casas).

El beb? lloraba, y por momentos deb?an sacarlo para que la madre le diera de mamar.

Momentos despu?s, llegaron los magos. Saludaron, entraron y se arrodillaron a venerar al ni?o que ya dorm?a, y les ofrecieron sus obsequios. La m?sica de fondo, era la producida por la marimba de los todosanteros.

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El 7 de diciembre se dio inicio el ciclo navide?o con la quema del diablo, m?s conocido en el pueblo como la quema del ?shutash?. Se juntaron objetos inservibles, chiriviscos, madera, hojarascas, petates viejos, cartones, olotes, doblador y zacate seco.? Detr?s del Centro de Salud, donde otrora estuvo una de las primeras escuelitas y cuyos cimientos a?n se pueden apreciar, se hizo una fogata. Dec?an los ancianos que al quemar al diablo se ahuyentaban a los malos esp?ritus, adem?s, para purificar las fiestas navide?as. A las 6 de la tarde se encendi? la hoguera? y con frecuencia se alimentaba? de chiriviscos, madera, etc.? Los? ni?os y grandes aplaudimos cuando? el ?shutash?? ard?a. ?Diablo qu?mate, ?shutash? cham?scate?, grit?bamos euf?ricos.? En los alrededores de la iglesia cat?lica estaban instalados los puestos de comidas y bebidas, tales como chuchitos, enchiladas, tacos, bu?uelos, torrejas, algodones, atol de elote, de arroz; caf?, rellenos y mucho m?s.

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Volviendo a las posadas, la primera? sali?, como de costumbre de la parroquia el 16 de diciembre y recorri? las calles y se dirigi? a la primera casa donde correspond?a. En una peque?a anda llevaban las im?genes de? San Jos? y la Virgen, vestidos? de peregrinos. Proced?an a la ornada anda de flores frescas y olorosas, faroles con candelas alusivas a la festividad con acompa?amiento de guitarras y marimba sencilla o diat?nica. Los faroles los fabricaba el maestro carpintero Julio Dom?nguez y sus hijos Rodolfo, Eduardo y Juan.? Al llegar a la casa que recibi? la primera posada, como las que le procedieron, cantaron la petici?n de posadas; los del interior respondieron, al principio neg?ndose, porque ten?an cierta desconfianza de los solicitantes extra?os?

Cuando se enteraron de que los suplicantes eran la Virgen Mar?a y San Jos?, abrieron gozosos las puertas e ingres? la posada; en ese preciso momento? quemaron cohetillos, canchinflines, silbadores y otros juegos pirot?cnicos, y la m?sica vocal e instrumental fue m?s sonora y palpitante. Dentro de la casa rezaron un rosario, como lo hicieron en las restantes. Sirvieron ponche, tamales, caf?, pan, chuchitos, enchiladas y otros platillos especiales a invitados y a colados...

Es importante se?alar que a las fiestas todos asist?an, fueran o no invitados. El pueblo acompa?aba con regocijo a los padres de El Salvador. A las posadas concurr?an personas que profesaban las diferentes denominaciones religiosas. La gente no ten?a necesidad de ser invitada. Sin distinci?n de rango ni de persona, iban de casa en casa, disfrutando el sabros?simo? banquete que se ofrec?a, por parte de los moradores de? la casa.

NACIMIENTOS

Los nacimientos los elaboraban (los elaboran), a inicios de diciembre, e incluso, desde finales de noviembre y los deshac?an el 2 de febrero, d?a de Candelaria, obedeciendo la tradici?n. Los nacimientos constaban de figuras antiguas de cer?mica, madrea y yeso, con escenas del medio ambiente. Los nacimientos los ubicaban en el suelo, o bien, sobre una tarima o mesa. Algunos elementos que utilizaban era papel de china, papel crep? y celof?n, arena de r?o, arena blanca extra?da en el cant?n San Juan, camino a Monajil; serrines multicolores (te?idos con anilina), pastores, casitas de cart?n y de paja, animalitos, arbolitos, musgo (se iba a traer a los arroyos Grande y Shak); hojas de pacaya, naranja, lima, manzanilla, frutas, bombas de navidad y el misterio (San Jos?, la Virgen Mar?a, el Ni?o Dios, el buey y la mula); estrellas prendidas, bombas de navidad colgadas en el ?rbol ( que se iba a traer en la pinada camino a Buena Vista); figuras de ?ngeles, la Estrella de Bel?n en la c?spide del ?rbol ( natural). Monta?as, barrancos, praderas, r?os, arroyos, se divisaban en los cimientos. Arena blanca y serrines utilizaban para los senderos, para los peque?os caminos. Con pedazos de espejos o pl?sticos formaban los r?os, lagos o arroyos. Tambi?n se val?an para ello de serrines azules, papel esmaltado o celof?n. Es importante se?alar que muchas figuras eran producto de nuestro trabajo. El barro lo obten?amos en la Ronda, parte alta del cant?n San Juan o Ronda, especialmente sobre la calle del Instituto.

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En mi casa recibieron posadas muchas veces. Evoco que en el extremo de la sala (as? le llam?bamos a la habitaci?n m?s amplia), estaba una plataforma decorada con ramas de pino, sabino, cipr?s y de arboles frutales. Figuras de hombres y animales representaban una escena rural. En una cuna de paja, yac?a un peque?o Ni?o Dios, que mi madre hab?a adquirido en cinco quetzales. Racimos de naranjas, limas, y algunos melocotones colgaban.? Esa vez, mi? t?o Lag?ito (Estanislao), hijo m?s peque?o de mis abuelos Juan y Olimpia, nos ayud? a elaborarlos.

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Quien elaboraba uno de los m?s extraordinarios nacimientos era t?a Esther Lemus, la t?a del pueblo?

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En el nacimiento enorme de la parroquia, se coloc? el Ni?o, como ha sido y es, el 24 de despu?s de las 24 horas.

Despu?s del 24 de diciembre se inici? el rezo del novenario dedicado al Ni?o Dios. Ponche caliente, tamales y otros ricos banquetes disfrutamos. La Sentada del Ni?o y el robo del mismo fueron, es y ser?uno de los detalles m?s extraordinarios. El?? Ni?o Dios que estaba acostado se sienta. Alguna de las personas que visitan el nacimiento se llevaron el Ni?o o se lo ?robaron?, luego le avis? al due?o y por la ?devoluci?n? se hizo una fiesta y lo colocaron en su lugar.

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El 7, como ya lo dije, fue la quema del diablo; el 8 se celebra la Inmaculada Concepci?n, el 12 es el d?a dedicado a la Virgen de Guadalupe; el 24 la Nochebuena y el 25 la Navidad. El 6 de enero se conmemora el D?a de Reyes o Epifan?a y el 2 de febrero el D?a de Candelaria, concluy?ndose as? el ciclo de Navidad.

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Nos contaban los ancianos que la costumbre de confeccionar nacimientos? fue tra?da a Guatemala por los franciscanos y que los primeros religiosos en llegar a Santa Ana Huista la llevaron; esto sucedi? probablemente a mediados del siglo XVI.

Asimismo, narraban que los primeros nacimientos? que se elaboraron en el pueblo, se fabricaron dentro de la iglesia cat?lica.

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La costumbre de hacer nacimientos dentro de las casas particulares debi? extenderse en el siglo XVIII, seg?n la tradici?n oral del municipio. Al hermano Pedro de Betancourt se debe la costumbre de poner en el nacimiento frutas de la estaci?n y la de sacar las posadas.

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Es noviembre, ya va siendo tiempo de ir a las monta?as del pueblo a traer pascua silvestre para iniciar a elaborar el nacimiento, como lo venimos haciendo desde muchos siglos?

Episodios de mi Vida: Morales M?rida, Elder Exvedi. 1995


Publicado por hameh0017 @ 11:59
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Rodeado, avasallado, ornado de vegetaci?n esplendorosa. ?Qu? panorama grandioso!? Los arroyitos claros, di?fanos, cristalinos, corretean entre los ?rboles, arbustos, entre sus surcos y se encaminan jubilosos a adherirse al r?o Huista. El r?o legendario abre su boca gigante y se traga los arroyuelos y desde ese momento son uno solo. Los pueblerinos se zambullen. Se echan un clavado, ?nico, e irrepetible. Los animales caminan por entre la hojarasca h?meda, olorosa. El sol se enreda en el pelo de los sabinos. La noche desciende sobre el po?tico pueblo. ?Ese es mi pueblo!

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La vida transcurre alegre y lenta. Desde cualquier monta?a que avasalla al pueblo, se domina una vista magn?fica. Se ven los zopilotes en la vera del r?o: ellos son los encargados de la higiene p?blica.

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En el peque?o, buc?lico y somnoliento pueblo, no existe la fugacidad de la vida. Ah? solo se habla de vida, no de muerte. Es un teatro peque?o y agradable. Sus habitantes, comediantes, son a guisa.? ?Ah? en mi pueblo, me aliment? m?s de sensibilidad art?stica!

Se consumi? parte de mi ni?ez y adolescencia en ?l, y ahora enlazo los pasajes de mi vida vivida en su seno. ?Ese es mi pueblo!

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Con infatigable lucha luch? por alcanzar mis ideales. ?Quise ser diferente. Quise honrar a mi pueblo y aqu? estoy ya.

?C?mo llegar al valle l?rico, donde reposa jubiloso mi pueblo? Hay que bajar por varias cuestas empinadas.

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Ah? est? el pueblo, bajo la mirada atenta de las estrellas, p?jaros, ?rboles y de Dios. ?Qu? alegr?a! Ah? recorr? los primeros trozos de mi existencia.

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Los ranchitos est?n incrustados entre las monta?as. A?os despu?s se sumaron m?s a ellos y naci? un caser?o, luego, una aldea.

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Nac? ah?, viv? parte de mi vida ah?, y no s? d?nde cerrar? mis ojos y tampoco s? d?nde mis cenizas ser?n devueltas a la tierra. Pueblo m?o, ?hay un lugar para mis despojos?

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Sobre las crestas verdes de las monta?as que rodean el valle extenso, se ven los colores m?s vivos y extraordinarios. El te?ido de las campanas se oye y el pueblo se yergue m?s orgulloso. Guardo intacto en mi alma, la paz del pueblo, por eso ya no tengo tiempo? para pensar en los sufrimientos del presente y del? futuro...

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Desde los misteriosos? horizontes llega la noche. Los ?rboles, arbustos y sombras parecen peregrinantes que van al pueblo.

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?C?mo olvidar a mi pueblo, si en su seno aprend? las m?s sabias lecciones?

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Aire cristalino. Campos cubiertos de verde y olorosa grama.

En el m?gico valle se halla el pueblo encantador.? Parece un para?so reservado para los poetas, m?sicos y pintores; para los artistas. Vaya si no. A veces los visitantes se preguntan si es realidad o fantas?a lo que ven sus ojos.?

Estoy lejos, muy lejos, y a?n contemplo la exuberante vegetaci?n que se yergue frente a m?. ?Pongo mis pies sobre la alfombra vegetal entretejida por flores y digo emocionado: ?Ese es mi pueblo!

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Mi existencia tiene ra?ces profundas en el pueblo, por eso no puedo desligarme de ?l.

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?Ah!,? en el parque hab?a azucenas, nardos, jazmines, violetas blancas, moradas y sencillas; flor de azahar, rosas blancas y rojas; alhel?es, camelias, margaritas, dalias moradas, amarillas y blancas, tulipanes, amapolas,? y hasta flor de muerto, todas sembradas por centenares de manos femeninas del pueblo sencillo, pero bello.? Ese? es mi pueblo de ayer, el que nunca volver?.

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?El santaneco es artista de por s?!

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Los caminos que recorr? a pie y pocas veces a burro, los tengo presentes n?tidamente en mi retentiva.

Las casas con sus techos de paja, teja con musgo, l?minas zinc, paredes de adobe, de ca?a de milpa, no se han borrado de mi mente, ni se borrar?n jam?s. ?Ah, las callejuelas empedradas, empolvadas y enmostadas!

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S?, no me canso de decirlo: En el pueblo discurri? mi? infancia y? mi adolescencia, por eso soy poeta.

?C?mo recuerdo las aldeas, caser?os y parajes que est?n acurrucados entre los bosques!

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Mis poemas, aunque soy un aprendiz eterno, desembocan en el pueblo como los caminitos y veredas.

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En el cielo sereno hormiguean las estrellas. Los p?jaros? cantan en mi ventana. ?C?mo me llena de embeleso esa tranquilidad pueblerina, aunque estoy distante!

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Sigilosamente despunta el alba radiante.

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Las veredas que comunican al pueblo con sus aldeas, caser?os y parajes, fueron abiertas por los antiguos habitantes, por nuestros ancestros.?

El r?o con su agua esmeralda apaga la sed. La luna con su roc?o? ba?a la villa.

Los amplios horizontes me invitan a so?ar.

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?C?mo extra?o a mi terru?o de extraordinarias bellezas naturales.

C?mo dejar de amar a mi pueblo que se asienta en ese valle hermoso.

C?mo olvidar a mi pueblo que mora bajo la vigilancia de monta?as verdes y agoreras.

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Campos de maizales danzan al comp?s de la sinfon?a del tiempo. El sol se va a tornar una siesta pero deja un destello, una huella fulgurante. Las flores silvestres que habitan en todos los rincones, no dejan de manar su perfume.

En el centro, dos enormes? y milenarias ceibas ven caminar la? historia. Extienden sus enormes brazos y se abrazan. Las r?fagas de vientos las chipotean y las dejan moribundas,? zonzas.

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Sus? celajes matutinos, sus di?fanos y floridos paisajes me tienen meditabundo.

Se ilumina el pueblo espl?ndidamente con los rayos del sol que se derrite lentamente en las calles empedradas.? Los pueblerinos se empa?an en trabajar bien, en cumplir con sus responsabilidades.

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Mi abuelo me dijo muchas veces que los tit?nicos? cerros que circulan el valle donde est? adormecida mi Santa Ana Huista, son? fieles testigos de la historia pueblerina. Y ten?a raz?n.

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?Qu? rom?ntico! Por las noches, cae? lentamente en profundo y merecedor sue?o el pueblo, mi pueblo, tu pueblo. En las galeras, en los ranchos, en todas las viviendas, se apagan el ocote, la candela y el candil.

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Pueblo incrustado sobre ese valle verde, la majestad de tus monta?as me? extas?an.? Tus casas con sus techos pajizos parecen irrealidades.

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En los potreros y laderas donde se alzan los ranchitos, nace no s? qu?, qu? me alimentan de serenidad.?

Tantos a?os han transcurrido y evoco mi pueblo que est? sacramente prisionero entre verdes y ub?rrimas monta?as. ?Camino de nuevo sus calles tapizadas de piedras de? r?o!

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Mi pueblo es mar abierto, horizonte m?tico. En ese valle anchuroso, portentoso, majestuoso, est? morando pl?cidamente.

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Sus amaneceres, sus atardeceres, sus anocheceres se perpetuaron en mi historia.

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Los guineales con sus hojas verdes, sin rasgu?os algunos y otras deshilachadas, y? los bananales, se ondean? como enormes banderas verdes. Los racimos como monos se cuelgan de sus cuellos.

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?Ah!, el dulce aroma de la vegetaci?n, el olor de la tierra h?meda y fruct?fera.

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Desde el primer momento en que abr? mis ojos, te contempl? con arrobamiento,? mi pintoresco pueblo.

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Tantas veces so?? que era aquel errante que se detuvo maravillado al verte frente a sus ojos, pueblo so?oliento, pueblo encantador!? Pueblo de Santa Ana Huista, melod?a enredada en el pentagrama de Dios,

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Episodios de mi Vida: Morales M?rida, Elder Exvedi. 1995

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